Votar en Boca: la odisea de muchosDeportes 

Votar en Boca: la odisea de muchos

Para votar en Boca ​hubo que tener paciencia zen o querer demasiado los colores como para soportar los innumerables problemas organizativos que padecieron los socios en este domingo que tuvo múltiples acusaciones cruzadas y una multitud que, sin partido, copó el barrio de La Boca. 

El arranque de los comicios estaba pautado para las 9. Por ello, las adyacencias del estadio, cerca de las 8.30, ya contaba con largas colas. Por Del Valle Iberlucea fue uno de los ingresos (para damas y vitalicios). La cola a ese horario ya daba vuelta por Villafañe con una extensión de poco más de dos cuadras.

El otro ingreso fuerte fue por la calle Irala, donde la cola fue un poco más extensa (casi tres cuadras). Alrededor de la Bombonera, cada doscientos metros, se erigían carpas de informes, aunque la desinformación era lo que abundaba. “Me tienen de acá para allá. Ya di vuelta el estadio y nadie me puede informar por dónde debo ingresar”, vociferó visiblemente enojado y con tono enérgico Adolfo Campagnale, de 58 años.

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“Hace una hora que estoy dando vueltas. Y me mandan de carpa en carpa y nadie me dice donde acreditarme”, comentó por lo bajo con bastante fastidio un colega de un medio radial. El punto era que si tocaba ir de un ingreso a otro había que caminar siete cuadras (el paso de Brandsen estaba vallado y no podía atravesarse). Entonces había que seguir hasta Suárez, tres cuadras hasta Irala y retomar hasta llegar al otro punto de ingreso. 

Algunos micros de larga distancia ya estaban apostados por la calle Palos (bordeando la Bombonerita) con mucha gente del interior dispuesta a hacer la fila. Otra carpa, otra desinformación. “¿Por donde debemos ingresar?”, preguntó Abel Miralles, salteño de 42 años. La respuesta del chico de “informaciones” no fue muy convincente: le mostró una fotocopia de un mapa con los puntos de accesos marcados y numeración de las mesas. “Debería preguntar en alguno de los accesos”, fue la escueta respuesta ante el atónito salteño.

A las 9 debían arrancar los comicios. Pero no. La puerta del acceso de Del Valle Iberlucea no se abrió porque “la elección tiene un pequeño retraso por falta de sobres”. Sin embargo, el acceso por Irala sí se habilitó y el grueso de la barra, primeros en la fila, tuvieron la posibilidad de sufragar.

A esa altura, el calor empezó a pegar fuerte y la bronca hacía subir aun más la temperatura. Y no solo allí. Todo empeoró cuando se escuchó el anuncio oficial: “El sistema está caído y los votos deberán ser anotados manualmente. Pedimos a los socios que tengan paciencia”.

Habían transcurrido algunos minutos de la apertura y la gente comenzó a amontonarse en la carpa. Para entonces, Daniel Angelici ya había votado (antes del problema), y tanto Jorge Amor Ameal como Mario Pergolini (candidatos a presidente y vice de una de las listas opositoras) se paseaban por la carpa con denuncias sobre diferentes “irregularidades”.

Al mismo tiempo, Juan Román Riquelme​ llegaba al búnker opositor también alimentando la teoría conspirativa: “En una hora nos dejaron votar 10 minutos. Pararon la votación tres veces. Es la única manera que pueden ganar, con trampa”, se quejó.

El retraso para votar ya había llegado a los 40 minutos. No había aire acondicionado que aguantara. El malestar era generalizado y la paciencia había dejado paso a los insultos hacia la dirigencia saliente. A las 11, cerca de una hora después, se restableció el sistema  y el ritmo de colas comenzó a fluir.

Durante casi toda la mañana, el desfile de los candidatos opositores por las carpas fue incesante y hasta si escalonado. Primero Ameal, luego Pergolini, Bermúdez y Sebastián Battaglia quien se quedó haciendo sesión de fotos con cuanto hincha se cruzó por espacio de casi una hora. También José Beraldi, quien llegó pasado el mediodía para votar.

Cerca del mediodía, otra denuncia. En este caso un fiscal de mesa se acercó al sector donde estaba la prensa con un puñado de boletas de la lista de Ameal, cortadas casi por la mitad. Otra mesa parada y la posterior protesta de una cola interminable que buscaba votar. Sí, otra vez el fastidio. De todos modos, el impactante caudal de gente no decreció casi nunca. Hubo un lapso, entre las 13.30 y 14.30, en el que bajó un poco la afluencia -por esa hora se lo vio a Christian Gribaudo, el candidato oficialista- . Pero la irrupción de un eufórico Riquelme en la carpa principal hizo que todo se desmadrara nuevamente.

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Pasadas las 18, con los molinetes cerrados, se hablaba de cerca de 38.500 votos. La concurrencia, récord por donde se la mire, ya superaba ampliamente la de la anterior elección, en 2015, cuando Daniel Angelici fue reelegido y más de 26 mil personas se acercaron a la Bombonera.

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No hubo camisetas con el nombre de Riquelme (quizás asustados por los fantasmas que sobrevolaron durante la semana de que se iba a impugnar el voto si aparecía algo identificativo). Sí, camisetas con el nombre de viejas glorias y los modelos de camiseta más variados. Un estimativo de siete de cada 10 votantes tuvo alguna identificación Xeneize. Lo que es seguro más allá de quien festeje tras las elecciones, es que votar en Boca, más allá de que por la tarde todo se tranquilizó, fue una odisea para muchos.

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