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Aquí no ha pasado nada

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Se puede escribir sobre la nada, nada, por supuesto. Es altamente recomendable incluso en estos tiempos en que la nada es el gran tema de discusión y debate, lo que llena las páginas vacías de los diarios desbordados de nada política, nada social, nada de cambios.

La gente se pone feliz y los amigos se multiplican, el que escribe de la nada se hace popular y abre congresos o los cierra –para el caso es lo mismo salvo excepciones-, es invitado recurrente en las mesas porque se sabe que no dirá nada y no hará ningún aporte incómodo que altere nuestra nada ya establecida. La nada, que es anterior a Sartre, por mucho que les pese a algunos que insisten en historiar la vida como si fuera algo más que muchas nadas, la nada viene del principio. En el principio fue la nada. Desde el principio no ha habido nada más que una suma de principios e intenciones de superar ese estadío, la nada, lo vacuo, la ausencia.

Por un error de los muchos que tiene el lenguaje, a la nada se le asigna la categoría de adverbio, es decir, de palabra que indica cantidad, cuando nada es lo contrario, en el lenguaje y en la vida. Nada es lo que resulta de las charlas que vemos en televisión por las noches, después de haber tenido un día largo y cansador, donde finalmente no pasó nada nuevo, no cambió nada de lo que queríamos cambiar en nuestras escuelas o con el grupo que convivimos. Asentados celosamente en la nada, eso es previsible, pero cada tanto nos desconcierta la perdurabilidad de la nada. Nada es lo que resulta de ese debate televisado, del recuento final de los votos, del juicio transmitido en directo o por fragmentos para que parezca muchos juicios o ninguno y nada. Nada es lo que sucede una vez que el funcionario es descubierto en su obsecuencia o estupidez, nada es lo que se paga por la vida de los asesinados; culpables o inocentes valen nada en el mercado que se ha llenado de nadas para sacarnos de un futuro que no tiene nada distinto para nadie.

Desde luego la inmensa mayoría de la población, es decir, los que estadísticamente son nada, suele ser la principal antagonista de la nada, afirmando que ellos, en primer lugar, existen y son parte de la ecuación, por más que los hechos los reduzcan a nada en las decisiones y los proyectos futuros, la inclusión de las necesidades.

Vivimos la nada como si fuera en verdad un problema de otros, un asunto relacionado con esa gente que se dedica a la filosofía y otras disciplinas que no sirven para nada, no entendemos que es ahí en la nada, es decir donde no estamos nosotros, donde ha empezado el problema del mundo que tenemos y que parece condenado a la nada porque no hacemos nada para ocupar el vacío.

* Por Dionisio Salas Astorga

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