Gonzalo Higuaín, la lejanía y sus consecuenciasDeportes 

Gonzalo Higuaín, la lejanía y sus consecuencias

Ahora, ya, en un imaginario “pan y queso” con todos los “9” de la Selección de la última década, seguro que Gonzalo Higuaín se subiría al podio como uno de los tres más elegidos. Es un goleador colosal. Indiscutido. Jamás fracasado. ¿Cuántos quisiéramos ser un poquito de lo que es Higuaín como futbolista?

¿Por qué justo a él lo atrapó la crueldad simbolizada en los memes impiadosos? Aquí suele disfrutarse más con la tristeza ajena que con la alegría propia; aquí la envidia acostumbra a moverse con impunidad; aquí, como el exitismo manda, a un centrodelantero se lo mide por el palo adentro o palo afuera.

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Algunas de esas respuestas las dio el mismo Pipita. Fue muy bueno el mensaje que dejó en el mano a mano con Fox Sports: tratar de ser feliz con lo de uno. Y fue saludable también el tono.

Es más: contando y reflexionando como en ese anuncio de su final en la Selección, provoca Higuaín un mix de ternura y comprensión. El goleador le dejó lugar al hombre y se abrió. Hizo algo de todo eso que le faltó siempre a esta generación de la Selección, con él incluido.

Se trata de un grupo que disparó múltiples sueños durante casi diez años consecutivos, pero nunca se acercó de verdad a los hinchas con iniciativas propias o con la prensa como puente. ¿Cuántas veces ni siquiera saludaban a los fanáticos a través de la ventanilla del micro que los trasladaba? ¿Cuántas veces se quedaban en las habitaciones de los hoteles en lugar de bajar a las habitaciones para firmar algún autógrafo o sacarse fotos? ¿Cuántas veces pasaron de largo sin detenerse ante grupos ínfimos de hinchas que los aguardaban con cariño total? ¿Cuántas movidas encabezaron para generar feeling con los enamorados de la celeste y blanca? 

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Si fue exclusiva responsabilidad de los jugadores o si la AFA casi nunca los ayudó con la comunicación y casi siempre los impulsó a encapsularse, ya es otra historia. 

Higuaín y sus compañeros creyeron sólo en ellos, se encerraron y apostaron a una vuelta olímpica, pero la pelota pegó en el palo y salió. Y el del último tiro casi siempre fue Pipita. De todos modos, debe quedar claro: ni siquiera esa acumulación de gestos indiferentes, ningún tipo de distancia, nada justifica el maltrato o la burla. Nada. 

¿Qué habría pasado si elegían arrimarse más a la gente? Imposible saberlo. Tal vez, si no hubieran optado por la lejanía, hoy Higuaín por ejemplo no sufriría estas consecuencias tan lamentables como patéticas.

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