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Bernarda Iúdica: “Mi papá no es machista ni misógino, pero hay chistes que no me van”


Bernarda Iúdica empezó estudiando diseño hasta que se dio cuenta que su camino no era por ahí y probó con la cocina

Verborrágica, extrovertida y con una fuerza arrolladora, así es Bernarda Iúdica. Hace unas semanas atrás, ella y su hermana fueron noticia cuando
su padre, el conductor de Polémica en el bar e Involucrados (América) criticó la situación económica del país: “La inflación hace que mi hija Valentina se vaya (…) No se puede prever nada. ¿Qué crédito va a sacar? ¿Qué proyección va a hacer con su vida, con su novio? Y la otra, la cocinera, ¿qué restaurante va a poner?”

Cocinera “desde siempre”, la joven de 23 años es una de las caras del programa
Cucinare (eltrece), que se emite de lunes a viernes a la medianoche y que va por su tercera temporada. Y más allá de soñar con un restaurante propio, no es lo que la desvela, tiene proyectos y energía para rato. Desde hace un tiempo vive sola y ya planea seguir los pasos de su hermana mayor. “Soy una persona muy joven con ganas de viajar, de conocer y de expandir mis horizontes culinarios. Acá tengo mucho para aprender, pero tengo ganas de ir a la base, a la cuna de todo. Me gustaría irme a Italia y conocer la posta de la pasta y de la salsa. Irme a España y aprender el yeite de todo. Y así sucesivamente. No tengo nada que me ate, no tengo hijos y nada me lo impide. La verdad es que mi familia me apoya mucho, es el mejor equipo, con ellos me gano la copa todos los días y eso ayuda muchísimo a este tipo de decisiones”, cuenta en diálogo con LA NACION.

– ¿Cómo te decidiste a ser cocinera?

– Yo estudiaba diseño y era malísima, muy mala. No hay nada más lejano a que yo pudiese haber terminado esa carrera. ¡Todavía no entiendo cómo nadie de mi familia nunca me dijo nada! Un día, hace cinco años, había terminado el CBC y me había ido muy bien, pero descubrí que no era para mí y me fui de vacaciones con parte de mi familia materna a Nueva York. Ahí hay lugares de primera categoría y lugarcitos muy chiquititos en los que se come muy bien. El comer es un punto de unión para mí. Soy recontra mega tana, tengo la sangre italiana que me tira muchísimo, somos todos así y nos gusta unirnos en una mesa y disfrutar. En el viaje lo pasé muy bien, comí en lugares muy ricos y muy lindos y, entonces, cuando volví dejé diseño y dije ‘voy a ver qué onda con la cocina’. Y empecé en el IAG.

Bernarda dice que su vida dio un giro importante cuando comenzó una pasantía en el restaurante Crizia, de Gabriel Oggero. “Llegué ahí porque mi papá había ido a comer y le comentó a Gabriel que tenía una hija cocinera, pero se lo contó como una anécdota. Gabriel me llamó y me preguntó si quería probar. Yo le dije que no quería quedar como ‘la hija de…’, acomodada, porque no soy así, no disfruto esa posición. Él me contestó: ‘No lo hago por tu papá, lo hago porque necesito un pasante, necesito que me pelen papas'”, cuenta. Una vez terminada la pasantía, la contrataron. Sus comienzos en la tele fueron en
Iúdica al dente, un programa que hizo con su papá en el canal KZO. Bernarda dice que ahí se fogueó porque tenía que hacer tres recetas por día, todos los días, de lunes a viernes. ”
Iúdica al dente era un desastre, un despiole total. Saltábamos en la mesada, nos tirábamos los limones, era una locura”, recuerda.


Bernarda está en el programa Cucinare (eltrece), que se emite de lunes a viernes a la medianoche

– Vayamos hacia atrás, ¿cómo fue tu infancia?

– Fue muy divertida. Con Valentina somos muy amigas desde siempre. Mi vieja nos dice que somos como ET y Elliot, que a una le pasa algo y la otra lo siente. Mis papás, mis tíos y mis abuelos eran muy jóvenes. Mi mamá la tuvo a mi hermana a los 22 años así que estaban todos muy arriba. Fue muy divertido. Cuando éramos chicas fue una época de crisis, de un país que se venía a pique y fue difícil, pero muy agradable. Siempre fui muy libre, tenía límites, pero tuve libertad y nunca me prohibieron hacer algo. Yo me portaba muy mal, era muy rebelde, pero mi crianza fue muy buena, con mucho amor.

– ¿Cómo es la relación con tus papás?

– Mi mamá es una compañera increíble, es lo más. Vive re cerca de mi casa y tenemos esa cosa de la cotidianidad, de que si estamos cerca nos tomamos dos mates. Yo soy bastante fantasma, lo admito, y ella me está atrás. Me tiene cortita. Con mi papá somos muy parecidos. Tenemos una conexión totalmente distinta. Es como darle la mano y que siga mi cuerpo. Como que somos uno. Nos matamos, igualmente, tampoco es que la vida es color de rosas. Nos decimos de todo como cualquier hijo de italiano, pero siempre es con amor. Los dos son muy de preocuparse mucho por sus hijos. Están muy atrás, pero sin ahogar. Es gente muy inteligente.

– ¿Cuántos hermanos tenés?

– Mi mamá se volvió a casar cuando se divorció de mi papá y tuvo una niña que se llama Francisca. Y mi papá tuvo con Romina (Propato) a Salvador, que este año cumple 13 años. Para mí es un niño prodigio, no sé. Es como un extraterrestre. Nunca conocí una persona con la misma sensibilidad y el mismo valor que tiene esa criatura. Es una locura, es una de las personas más hermosas que conocí en mi vida. Mi hermana Valentina, que es el amor de mi vida, tiene 25. Y mi hermano Osvaldo que tiene 20. Somos una banda.

Osvaldo es el “hijo del corazón” de Mariano. La historia cuenta que Mirta, la señora que trabajaba en la casa de los Iúdica cuidando a Salvador, empezó a extrañar a su hijo que estaba en Paraguay, entonces Mariano y Romina tomaron la decisión de que el niño viniera al país y fuera a vivir con ellos y su madre.

– ¿Cómo fue el acople de Osvaldo a la familia?

– Fue una cosa muy natural. No te puedo decir ‘hubo una charla, nos sentamos a comer y lo charlamos’. Fue una cosa que se fue dando. Mi hermana Valentina y yo por ahí teníamos otra información de la vida y se la fuimos enseñando a él, como hacemos con Salvador y Francisca. Ponerle los puntos, retarlo si hace algo que lo amerite, enseñarle, hacer la tarea, toda una situación así. Yo en ese momento estaba en la secundaria y si tenía que estudiar y él también, estudiábamos juntos. Se fue dando una situación en forma armoniosa. Y Ova también es un chico muy especial, es muy cariñoso y es un gran tipo, una gran persona. Pasa que cuando vos ves que es un gesto de amor y que es algo para bien, es imposible tomártelo mal. Hacer sentir al otro cómodo, querido y aceptado, es algo que hay que practicar.


“De chica me portaba muy mal, era muy rebelde, pero mi crianza fue muy buena, con mucho amor”

La mirada femenina

Si bien su padre tuvo
varios episodios polémicos en cuestiones de género y tuvo que salir al cruce de dichos de excompañeras, Bernarda se considera muy a favor de todo el movimiento de mujeres. “Me enorgullece muchísimo participar de todo esto, de las marchas, de ser activa en esta situación. Estoy en contra del patriarcado. Con este movimiento tan grande, con esta revolución femenina, no podés ponerte en contra. Es como despertarte. Yo respeto muchísimo al que tiene un pensamiento distinto que el mío, no voy a discutir, no voy a pelear, no va a pasar nada, pero sí me he decepcionado de muchísimas personas, sobre todo en el momento en que no se había unificado la lucha”, aclara.

– La postura de tu papá en este tema y en el programa que conduce muchas veces lo deja expuesto en una situación machista y misógina. ¿Qué sentís vos con todo esto? ¿Qué te genera?

– Yo trato de no opinar al respecto, obviamente lo hablo con él. No lo veo en televisión. Normalmente en el horario del programa de él yo estoy trabajando, pero él bajo ningún punto de vista tiene ese pensamiento. Para nada, es todo lo contrario. Mi papá es lo más respetuoso con las mujeres que existe en el mundo entero. Nos venera, realmente nos venera. Es muy buen compañero de trabajo. Yo fui su compañera de trabajo y nos cuidaba muchísimo. Yo se lo he dicho a él un millón de veces: ‘Vos pensá siempre antes de hablar, ponelo en una situación personal’.

– Pero ha tenido actitudes machistas…

– No te sabría responder porque no lo veo. No lo escuché, no lo veo. Si sucede no es así, la realidad es otra y lo firmo con la sangre. Para nada es así.

– ¿Con tu hermana buscan transformarlo?

– Lo que pasa es que no es una transformación porque él no es machista ni misógino. Pero sí, obviamente, Valentina y yo nos hemos sentado a retarlo. A mí hay cosas que no me gustan, hay chistes que por ahí no me van y no me causan gracia, que lo veo en las redes sociales y le pregunto ‘¿qué dijiste?’. Siempre lo charlamos mucho. Y yo le digo: ‘Pensá siempre antes de hablar en que vos tenés dos hijas mujeres, tenés una esposa, una hermana y un montón de sobrinas’.

– ¿Te afectan las críticas que le hacen?

– Me llegan cosas porque hay personas que, por agredirme, me las dicen, pero yo tengo otra cabeza. Leo todo. Me mandan cosas de mi viejo. Pero a mí, particularmente, no me afecta. Sí me da mucha bronca y mucha impotencia que a él sí. Cuando a él le afecta, ahí ya no me gusta porque es mi papá. Yo me puedo pelear con él, pero decile algo y te arranco la cabeza. Ahí salto mal. Pero soy así con toda mi familia. Yo por mi familia mato y muero.

– Tu hermana se acaba de ir a vivir afuera. Tu papá dijo que fue por la realidad del país. ¿Cómo ves las las cosas?

– Está muy difícil, es la verdad. Te lo digo como persona joven, que vive sola, que tiene dos trabajos. Estamos en una situación muy complicada. Yo vivo en un monoambiente en Villa Crespo y me acaba de llegar 2500 pesos de luz. Hay algo que no está bien, que no está funcionando, ponele el nombre que quieras. Lamentablemente es una tristeza porque este país es un país increíble y súper rico y tiene de todo y más, pero para personas de mi edad, de la edad de mi hermana, es imposible proyectar algo. Si yo me quiero poner un restaurante, ¿qué tengo que hacer? Vender un riñón. Es muy difícil.

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