El resto del mundo también existeEconomía 

El resto del mundo también existe


Trump agudizó la disputa con China Fuente: AFP
18 de mayo de 2019  • 03:00

La dinámica de los acontecimientos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China impacta sobre la política económica local, pese a que la Argentina tiene una larga tradición en desconocer la influencia externa sobre su realidad.

En unas pocas semanas se pasó de dar como válido un rumor sobre la inminente suba de los derechos de exportación, al transformarlos en una tasa fija y recortar la parte móvil en pesos, a comenzar a levantar la voz para reclamar una baja de las retenciones frente al descenso que experimentaron las cotizaciones de la oleaginosa.

A la agudización del conflicto entre Washington y Pekín, que promoverá una nueva escalada de suba de aranceles si no hay acuerdo antes del fin de junio próximo cuando Donald Trump y Xi Jinping se vuelvan a ver las caras en la cumbre del G-20 Japón, se suma la propagación de la peste porcina africana que provoca una baja de la demanda de soja del principal importador mundial de la oleaginosa.

Pero ese escenario bajista para los precios está matizado por la demora en la siembra de maíz en el Medio Oeste norteamericano por el exceso de lluvias. Y, también, por el “premio” que comenzó a recibir la soja sudamericana respecto de Chicago frente a la mayor demanda china. El año pasado, con la fortísima sequía, la Argentina apenas pudo percibir esa ventaja que sí fue para Brasil (ver también página 8).

Para algunos analistas, como Enrique Erize, de Nóvitas, Estados Unidos tiene espaldas como para prolongar el conflicto con China que, vale recordar, tiene a la soja como víctima y no protagonista. “La pelea es por el déficit comercial de más de 360.000 millones de dólares que tiene EE.UU. y la disputa por la propiedad intelectual”, recuerda. Esas “espaldas” también incluyen la puesta en marcha de un nuevo paquete de ayuda del gobierno norteamericano a sus farmers por 15.000 millones de dólares.

En sus reacciones vía la red social Twitter, Trump había imaginado que le podía comprar granos a sus productores y donarlos a países pobres con necesidades alimentarias. Su pasado de magnate de
real estate neoyorquino, menos conocedor de las políticas agropecuarias que Washington sostiene desde hace años, le jugó una mala pasada.

A ese paquete de ayuda, similar a uno lanzado en 2018 por US$12.000 millones, los
farmers tienen otro sistema de protección, crucial para encarar la campaña agrícola. Pueden optar por el cobro de un seguro si se atrasan en las fechas de siembra del cultivo correspondiente. Y este año, con los excesos de lluvias, los analistas del mercado de granos advierten que el dato será decisivo para conocer si sembrarán más soja que maíz.

Cualquier reacción parecida a la envidia que tengan los productores argentinos por los colchones de protección que tienen sus colegas norteamericanos es perfectamente comprensible. Aquí, desde el sector público, apenas se cuenta con la ley de emergencia agropecuaria con fondos que no se actualizan desde diciembre de 2009. En el sector privado ya hay herramientas tecnológicas como los seguros índice o coberturas que promueven las propias compañías de insumos, pero en la política pública es claramente una materia pendiente.

En un año electoral parece que la resolución de las cuestiones de fondo se postergan hasta nuevo aviso. Sucedió con el proyecto de ley de semillas que no logró ser tratado en el recinto. Ahora, como mucho, hay que esperar que no haya nuevas metidas de pata como la de disponer el aumento de la tasa de estadística para el régimen de importación temporaria que utiliza el complejo oleaginoso, entre otros sectores.

El Gobierno anunció la marcha atrás en esa decisión que hubiera afectado a una industria con capacidad de molienda reducida. Con los márgenes de los cultivos ajustados que se vislumbran para la próxima campaña agrícola cualquier carga extra en una de las partes de la cadena afecta al conjunto de la actividad.

Al reclamo de baja de retenciones, las autoridades de Hacienda respondieron en forma extraoficial que no habrá cambios en el actual esquema. Cuando las urgencias cesen sería de utilidad analizar el impacto en los ingresos fiscales de la baja de los derechos de exportación.

La conjetura es que lo que se baja de retenciones se podría compensar con tributos como Ganancias o IVA al promover un mayor incentivo a la producción. La evidencia de lo que sucedió con el trigo y el maíz así parece indicarlo. Quizás a la cadena agroindustrial le convendría promover un debate con las autoridades económicas para terminar con el mito de que las retenciones son buenas para el fisco. Habrá que escuchar los argumentos del otro lado, por supuesto, pero es un debate para plantear.

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