Walter Herrmann: “No hace falta que se te muera tu mamá para tener un dolor enorme”Deportes 

Walter Herrmann: “No hace falta que se te muera tu mamá para tener un dolor enorme”

De repente, se encontró en el centro de la escena, solo, con la iluminación encima. Debajo del pequeño escenario, rostros desconocidos casi a oscuras, posando sus ojos sobre él, en silencio. Cuando jugaba, le ocurría algo muy similar, pero allí se encontraba en su zona de confort, haciendo lo que sabía. Esta vez, en cambio, estaba casi “desnudo”. Entonces tomó la decisión y, asumiéndose y aceptándose de ese modo, habló. Contó lo bueno y lo malo. Y encontró una veta.

Walter Herrmann asistió a una charla motivacional de Sergio Martínez, ex campeón mundial de boxeo, en Firmat, Santa Fe. Un amigo le había sugerido ir y como nunca había escuchado a un deportista compartir sus experiencias, el ex miembro de la Generación Dorada aceptó el convite.

Mirá también

Newsletters Clarín

Lo que tenés que saber hoy | Las noticias más importantes del día para leer en diez minutos

De lunes a viernes por la mañana.

Recibir newsletter

Tenía tiempo: corría la segunda mitad de 2017 y no había firmado con un equipo de la Liga Nacional luego de su último paso por Obras. Maravilla se enteró de su presencia y le dijo que lo invitaría a subir a la tarima para presentarlo a la audiencia.

Lo que no le avisó fue que lo “abandonaría” a su suerte. “‘Los dejo con Walter’, dijo. ¡Y se fue! Yo me vi ahí arriba, sin saber qué decir. Así que me senté en un banquito y en unos minutos traté de contarle a la gente un poco la historia de mi vida“, recuerda el alero al comenzar un ida y vuelta con Clarín que durará media hora y que irá de la superficie deportiva al océano de lo humano.

Inolvidable. Argentina, campeón olímpico en básquetbol, en Atenas 2004. Walter Herrmann, a la derecha.
Foto: Ricardo González

“El representante de Maravilla me preguntó si me interesaba hacerlo más seguido y así comenzó todo. Fue muy raro, porque a mí nunca me gustó hablar en público. Pero en ese momento, antes de salir al encuentro con la audiencia, sentí ciertos nervios que, si bien no son comparables a lo que me pasa antes de jugar, fue en algún punto parecido”, explica Herrmann.

En esa coyuntura de las conversaciones motivacionales, Walter encontró casi una terapia para sí mismo. “Es una buena forma de hacer catarsis, porque hablo mucho de mi vida privada, de cómo encaré un montón de cosas. Y me sale naturalmente, porque con todo lo que viví, no necesito ningún guión“, afirma.

Mirá también

Vaya si hay verdad en esas palabras. El 19 de julio de 2003, un accidente automovilístico en Córdoba se cobró la vida de la mamá, de la novia y de una hermana del basquetbolista. Y exactamente un año más tarde, falleció su papá. 

Con todo eso a cuestas, el rubio no aflojó y la resiliencia dio sus frutos dentro de la cancha: ganó el oro olímpico en Atenas 2004, con una participación determinante en el partido ante Grecia; con Málaga, sumó una Copa del Rey y una Liga de España, título que repitió con Baskonia; se quedó con la Intercontinental y con la Liga brasileña con Flamengo; y obtuvo la primera Liga Nacional de San Lorenzo.

Walter Herrmann, campeón de la Lliga Nacional 2016 con San Lorenzo.
Foto: La Liga Contenidos

Sin embargo, el éxito pasó por otro lado. “Yo seguí mi vida y me acostumbré a vivir sin los afectos que me faltan, teniéndolos en mi corazón. Si algo de todo lo que digo en las charlas le sirve aunque sea a una persona, me voy feliz”, asegura el jugador de Atenas de Córdoba.

En el pasado reciente, como si lo anterior hubiera sido poco, tras una de las últimas prácticas de la temporada sufrió una fibrilación auricular (una arritmia, básicamente), que lo obligó a internarse en Córdoba para someterse a una cardioversión eléctrica, un procedimiento que ayuda a estabilizar el ritmo cardíaco. La situación lo marginó de los playoffs por la permanencia que el club cordobés tendrá con Quilmes de Mar del Plata.

Fue sólo un susto que ya quedó atrás. Hice una interconsulta en la Clínica Favaloro, donde me recomendaron no jugar esta serie a pesar de mis ganas. Hoy estoy acompañando al plantel y tengo muchas pilas para lo que viene“, asegura con confianza tras el mal trago.

En las charlas en clubes o empresas, con audiencias muy distintas entre sí, se dedica a contar su historia de vida y luego se abre a las preguntas de los asistentes, con lo cual cada exposición suele ser sustancialmente distinta. Lo que no cambia es el afecto del público, que siempre cuenta con personas que se animan a acercarse al Gladiador una vez terminado el evento para saludarlo y quizás contarle alguna historia propia también.

“Mucha gente me cuenta cosas muy movilizantes -relata Herrmann-. Ahí te das cuenta de que el dolor es algo muy propio de cada uno y que todos damos una batalla. Por ahí a alguno le falta un perro en su vida y esa ausencia le duele tanto como a alguien a quien le falta un hermano. Cuando empezás a hablar con la gente, te ponés en la piel de cada uno y entendés que no hace falta que se te muera tu mamá para tener un dolor enorme“.

En esa escala de dolores que es intrínseca a cada persona y que tiene, en consecuencia, miles de millones de versiones, hay algo común a la mayoría: el rol conciliador del tiempo y la naturaleza humana de hacer de cada problema un mundo, algo que Herrmann, lejos de cuestionar, entiende a la perfección. 

“A veces ves una desgracia ajena y decís: ‘Uh, mirá lo que le pasó a este tipo, y yo me preocupo por pavadas’. Pero a la semana te olvidaste, estás haciendo lo mismo de siempre y te volvés a preocupar por tus cosas. Y está bien que así sea, porque la dinámica de la vida te lleva a continuar. En mi caso, yo seguí jugando, con los éxitos, los logros o lo que sea, porque me enfoqué en lo que iba haciendo. El tiempo te acomoda. El tema es aguantar al tiempo“, dice.

Walter Herrmann, con la camiseta de Detroit, jugando contra Charlotte, el otro equipo en el que compitió en la NBA.
Foto: Reuters

En ese aguante que debió poner en práctica, el deporte fue determinante para la supervivencia física y mental del alero con pasado NBA (jugó tres temporadas en Charlotte y en Detroit).

El básquetbol fue una puerta de escape para mí. No hizo que el dolor se me fuera de un día para el otro, pero me ayudó a enfocarme en lo que tenía que hacer y no pensar tanto. A veces pensamos que en un momento de tanto dolor la profesión debería pasar a un segundo plano, pero en mi caso justamente me ayudó a no entregarme al dolor“, resalta el Conde, quien de todos modos tuvo sostenes aun más valiosos.

“Mi hermana, que se fue conmigo a España, y los afectos fueron clave. Yo me fui enseguida a Málaga, me presentaron justo al mes del accidente de mi familia, así que no tuve tiempo de quedarme paralizado. Pero sí tuve muchos bajones y ahí estuvo la gente que me bancó. A partir del accidente, yo fui como una hoja que llevaba el viento, pero el tiempo me puso en mi lugar“, reflexiona.

-¿Y cuál es ese lugar hoy para Walter Herrmann?

-El tiempo me puso en una situación de muchos cambios y aprendizaje, porque saco cosas de lo bueno y de lo malo. Y me hizo ver que soy más fuerte de lo que yo creí que era. Me hizo ver la vida de otra manera, de una que quizás nunca la habría visto si no me hubiera pasado nada y todo hubiese sido color de rosa. Creo que estoy en el lugar al que hubiera llegado de cualquier manera. No sé si estoy en un lugar ideal. ¿Cómo saberlo? Pero tengo una familia hermosa, hijos preciosos y disfruto mucho la vida, con objetivos y ganas de seguir haciendo cosas.

Walter Herrmann, en una producción para “Viva” de 2016.

“Cada vez que entro a la cancha, no disfruto nada”

En aquel 2017 en que Walter Herrmann se encontró con la posibilidad de dar charlas motivacionales, hubo una coyuntura que lo ayudó a dar rienda suelta a este nuevo rol: la imposibilidad de jugar en la Liga Nacional. Para la temporada 2017/18, el alero, ganador del premio al Jugador Más Valioso de las finales apenas dos años antes, no consiguió equipo. Y lo sintió.

Estamos tan acostumbrados a la dinámica del deporte que cuesta mucho parar. Te pongo un ejemplo: salí campeón con San Lorenzo en 2016 y festejé esa noche, estuve contento al otro día y al siguiente ya estaba pensando qué haría con mi futuro. Ganes o pierdas, tenés un nuevo partido a las 48 o 72 horas. No tenés tiempo para nada: ni para bajonearte ni para festejar demasiado. Me acostumbré tanto a esa dinámica que cuando faltó fue lo que más extrañé”, reconoce.

Siempre se lo consideró un tipo rebelde. Por caso, fue el único “dorado” que no tuvo inconvenientes en manifestar públicamente su decepción y su enojo con Rubén Magnano, el entrenador de la Selección campeona olímpica, por no darle ni un minuto en la final con Italia. Lo que nadie podrá decir jamás de Herrmann es que no tiene pasión por el juego.

Nunca tuve miedo de quedarme otro año sin equipo de Liga. ¿Sabés por qué? Porque si no conseguía lugar ahí, me iba a jugar a la Liga de Venado Tuerto -afirma sin dudar-. Tengo varios amigos de mi edad que siguen jugando allá y estaban en la misma: se preguntan si les dará el físico un año más y ese tipo de cosas. Así que yo lo tomo muy tranquilo. Cuando no me dé más para esto, tendré que bajar el nivel y me seguiré divirtiendo. Al fin de cuentas, el básquet es igual en todos lados y mis sensaciones fueron las mismas en 2011, cuando salí campeón en mi ciudad, que cuando jugué y gané cosas en la Selección”.

Walter Herrmann, en una producción para “Viva” de 2016.

Aquel 2011 fue una bisagra. Walter había sido campeón y figura en España, el mejor sitio del mundo exceptuando la NBA. Sin embargo, no tuvo ningún problema en volver “al barro” y ponerse la casaca número 12 de Unión Deportiva, club al que llevó al título del torneo local por primera vez en 14 años.

“El año anterior había estado en el máximo nivel con el Tau y, la verdad, no notaba la diferencia en las sensaciones ni en los dolores, que son los mismos, ni en la ilusión por salir campeón. Yo conservo los mismos sentimientos que cuando empecé a jugar de manera amateur -admite-. Obviamente, cuando se convierte en tu trabajo, las presiones son mayores, tenés que sacrificar muchas cosas y estar lejos de tu familia, pero a la hora de jugar es lo mismo. Uno a veces reniega de estar afuera y perderse cosas, pero cuando no jugás extrañás todo eso. Y lo podés encontrar tanto en el máximo nivel como en el torneo de tu pueblo”.

-De tus palabras se desprende que lo único importante es seguir jugando y que disfrutás del juego independientemente del nivel…

-Sí, ​tal cual (piensa unos segundos). Bah, yo no sé si esa es la palabra, porque cada vez que entro a la cancha no disfruto nada (risas). Esa es la realidad. Disfruto al final, cuando gané y se terminó la presión. Pero la previa es complicada. Desde la mañana pienso en el rival, en cómo juega el que tengo que defender, cómo lo tengo que atacar… Hasta que empieza el partido, todo es nerviosismo. No recuerdo entrar a la cancha y reírme o divertirme dentro de un campo de juego. Siempre entro súper concentrado y tratando de hacer lo mejor posible. Cuando pasa todo eso, recién ahí me relajo.

Al margen de no temer, no hubo necesidad de volver a Venado Tuerto. A principios de temporada, Herrmann arregló su regreso a Atenas, club con el que ganó su primer campeonato profesional. Las cosas no se dieron, al menos en términos colectivos, de la forma esperada.

“Se apostó por un equipo joven, que los mayores viniésemos de atrás, en un momento se habló de jugar la Liga sin extranjeros y cuando arrancó la temporada parecía por el Súper 20 que el equipo podía funcionar. Eso nos hizo ilusionar a todos. Pero la Liga es muy diferente, muy dura. Desde el primer día perdimos mal en Formosa y todo el año miramos la tabla desde abajo. En ningún momento tuvimos ningún tipo de reacción“, evalúa el Conde.

A la temporada le quedan un puñado de semanas. ¿Y luego? ¿Qué le depara el futuro al alero? “No sé si será dentro de la cancha. Mi idea cuando termine la temporada es ir a un campus en Chile a mitad de julio, que llevará mi nombre y será algo nuevo. No sé si me volcaré a eso, a ser entrenador. Voy día a día. Las veces que intenté proyectar a largo plazo han pasado cosas y cambié de camino. Ahora quiero salir de la situación en que estamos con Atenas y después veré. Cuando jugaba en San Lorenzo, pensé que era el último año. Pasó el tiempo y mirá dónde estoy. Es difícil, porque a veces digo de hacer tal cosa, pasa algo y cambio. Yo no tengo problema en cambiar de opinión. De hecho lo hago muy seguido”.

Articulos relacionados