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lunes, octubre 3, 2022

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A puro color y fervor patriótico, Lima vibra con la inauguración de los Juegos Panamericanos

Las luces se apagan. Las linternas de los celulares se encienden en las tribunas. Iluminada en el centro del estadio, una montaña se lleva la atención. No es cualquier escenario: Perú eligió al Nevado Pariacaca, la montaña sagrada de Lima, para verse representado. La gente, que agotó las entradas el primer día para esta ceremonia inaugural de los Juegos Panamericanos, comienza a gritar “Perú, Perú”. Les dijeron que “es la primera vez que van a ver un show de esta magnitud” y ya no quieren seguir esperando.

Puntualmente a las 19 (las 21 de Argentina), la cuenta regresiva termina y arranca el show. Mientras en la montaña aparecen los nombres de todas las ciudades que albergaron Juegos Panamericanos, centenares de voluntarios corren hacia el centro del campo. Vestidos con pantalones blancos y camperas azules, rojas y amarillas, bailan una coreografía joven, atlética y llena de energía con la que representan los elementos del logotipo de Lima 2019, que hace referencia a la naturaleza y cultura de Lima: la flor de amancaes, punto de encuentro y huacas limeñas. Y los fuegos artificiales explotan en el Estadio Nacional, al tiempo que los ruidosos peruanos coinciden en un grito.

Los voluntarios, coloridos en el arranque de la ceremonia de Lima 2019. Foto Maxi Failla

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Perú apuesta a sus raíces y no falla en eso. Tras las presentaciones de rigor de Thomas Bach, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Neven Ilic, presidente de Panam Sports, y Martín Vizcarra, presidente del país, se lee el poema “El Perú”, de Marco Martos, en 49 lenguas: castellano y las otras 48 indígenas que se hablan en el país, en un comienzo a puro nacionalismo, que culmina con la interpretación del himno y el izado de la bandera.

Entonces, se vuelve a las raíces. El Dios Pariacaca convoca a los chasquis, que eran los mensajeros del imperio Inca, y sus contrapartes modernas: los maratonistas. Ellos hacen sonar sus pututus (trompetas hechas de una concha) y convocan a las 41 naciones que compiten en los Panamericanos. Entonces, bailarines con ponchos de los colores de las banderas de las distintas naciones los rodean y combaten para medir su fuerza atlética. El reto está inspirado en el Warachicuy, un rito de iniciación que marcaba la edad adulta de los jóvenes incas, en el que tenían que demostrar su valentía.

El llamado, el tercer acto de una ceremonia muy patriótica en Lima. Foto Maxi Failla

La voz de la Pachamama, interpretada por la actriz Delfina Paredes, introduce al cuarto acto, el Amanecer Pacífico, en el que el Dios Pariacaca llama a las estrellas y en el mar se despiertan los peces. Antiguos pescadores en sus caballitos de totora salen a pescar y al volver hay surfistas modernos sobre las olas, mientras amanece un nuevo Lima, gracias a la colaboración de los espectadores que encienden las linternas de sus celulares.

El baile vuelve a entrar en escena con un show al ritmo de la zamacueca, un baile que data de la época colonial peruana y con la que vuelve a explotar el público del Estadio Nacional. Los caballos de paso, una raza peruana considerada especialmente cómoda, se mueven naturalmente y sus domadores se pliegan a las bailarinas que representan la flor de amancaes, una especie que aparece en las montañas de la costa del Perú. Al finalizar, el grito de “Perú, Perú” vuelve a inundar el ambiente.

Se inicia luego el último baile antes del desfile de los deportistas cuando 264 cajoneros llenan la cancha y los 52 pictogramas de los Juegos comienzan a dibujarse sobre la montaña. Milco, la mascota de estos Panamericanos, y la canción oficial “Jugamos Todos”, compuesta por Pedro Suárez, son el broche de la primera etapa de la ceremonia.

Detrás de un bailarín que representa un ekeko -un espíritu que simboliza abundancia y prosperidad entre la gente del Altiplano Andino-, Javier Conte flamea la bandera argentina, la primera delegación en salir. Los cientos de deportistas que caminan junto a él llevan banderitas argentinas, mientras que en la escenografía la montaña adquiere el aspecto natural del país, que en el caso de Argentina incluyó el gris de las montañas, el verde de su pampa y el azul de sus lagos y ríos.

Lima, Perú. Enviada especial.

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