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sábado, octubre 1, 2022

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Juegos Panamericanos: después de Molinari, las chicas asoma e ilusionan con un futuro mejor para la gimnasia

En 1999, mientras en el país un peso valía un dólar y, en Londres, Argentina y el Reino Unido firmaban un acuerdo para permitir el acceso de argentinos a las Islas Malvinas, el seleccionado de gimnasia ganaba sus últimas medallas en un Juego Panamericano. Hace 20 años, en uno de los días más gloriosos del deporte, Eric Pedercini obtenía una de oro en gimnasia después de 48 años al imponerse en los ejercicios de piso, Sergio Alvariño conseguía la de plata en anillas y Bárbara Rivarola y Melina Sirolli terminaban segunda y tercera en la viga de equilibrio en Winnipeg.

En Lima, después de 20 años de una gimnasia a la deriva y apoyada simplemente en la suma de sus individualidades, Argentina puede soñar con un futuro. Federico Molinari, en sus últimos Panamericanos, logró ganar su primera medalla (bronce en anillas) después de cinco participaciones pero detrás suyo el equipo femenino ilusiona con chicas jovencísimas de mucho talento sostenidas por un trabajo integral.

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La clave, concuerdan, estuvo en la decisión de la Confederación Argentina de Gimnasia, dirigida desde mayo de 2018 por Sergio Wuch, de sumarle un head coach al seleccionado. El brasileño Roger Medina se hizo cargo en febrero y desde entonces modificó la metodología de trabajo. Quien venía de entrenar a Brasil y a Thais Fidelis, la mejor gimnasta de Latinoamérica y oro en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba en la prueba de suelo, le marcó un rumbo al equipo y eso ya comenzó a dar sus frutos.

Cambió totalmente la forma de hacer gimnasia en el país. Hay alguien que nos dice qué hacer y nos planifica desde arriba. Todas hacen todo lo que se dice y podemos avanzar y obtener un buen resultado”, opina Martina Dominici, de 17 años y con un enorme futuro que en Lima se metió en la final all around a la par de las medallistas.

Martina Dominici durante su rutina de piso. Foto: Maxi Failla, enviado especial

Dominici explica que antes “cada uno estaba con su entrenador y hacía lo que él decía, pero a veces entre los entrenadores no se ponían de acuerdo” y por eso el trabajo no era integral. “A la hora de los torneos era cuando más se complicaba y por eso no nos iba tan bien por eso“, compara quien está a seis materias de terminar el colegio secundario a distancia, después de dejar el Instituto Santa Ana y San Joaquín de Belgrano, en el que cursó presencialmente dos años.

Sus compañeras Abigail Magistrati, de 15 años, y Agustina Pisos, de 17, ni pasaron por esa experiencia. Desde el comienzo eligieron estudiar por Internet para poder dedicarse ciento por ciento a los entrenamientos en doble turno. En la final por aparatos, la platense compitió en piso, mientras que la gimnasta de Vélez lo hizo en la viga de equilibrio.

Con 15 años, Abigail Magistrati es la más joven. Foto: Maxi Failla, enviado especial

“Se cambió mucho la forma de entrenar. Aunque se entrena muy fuerte, sabemos que es mejor para nosotras para avanzar más”, dice la más chica del equipo. Pisos refuerza el concepto: “Ahora nos organizamos más y se hace lo que él dice. Está todo más planificado y en un punto de encuentro común. Antes cada cual se preocupaba por su clasificación; ahora cada uno busca lo mejor para todos. Sentimos un trabajo en equipo mucho más grande a cómo era antes. Nos preparamos un montón y fuimos un equipo muy sólido. Podemos salir adelante”.

Agustina Pisos en la viga de equilibrio. Foto: Maxi Failla, enviado especial

Luna Fernández, de 16, y Valeria Pereyra, de 23 y con la experiencia de un Juego Olímpico (Londres 2012), completan el equipo que terminó cuarto en la final all around, cerca de Brasil, potencia en la región y dirigido desde 2018 por el kazajo Valeri Liukin, dos veces campeón olímpico en 1988 con la Unión Soviética como gimnasta y campeón del mundo en 1987 y 1991, además de exentrenador de Estados Unidos.

El cuarto puesto y haber terminado por cerca de las medallas en el primer Juego Panamericano de cuatro de las chicas se trató, además, de un logro que venía siendo esquivo en las últimas décadas. Incluso, por primera vez en 30 años, Argentina tiene material para ilusionarse con no solo clasificar a Tokio 2020, sino con meter a más de una gimnasta.

Claro que el desafío es complicado. El seleccionado irá por ello del 4 al 13 de octubre en el Campeonato Mundial de Stuttgart. Como Estados Unidos, Rusia y China ya están adentro, liberan cupos, lo que representa que Argentina necesitará estar entre los 12 mejores del certamen.

Agustina Pisos en la viga de equilibrio. Foto: Maxi Failla, enviado especial

“Principalmente el objetivo del head coach es que como equipo clasifiquemos a Tokio en el Mundial. Es difícil pero creo que es posible. Sería histórico, nunca pasó“, expresa Dominici, que destaca lo positivo de que la llegada de Medina se haya producido en su segundo año en mayores. “Si hubiésemos estado desde antes trabajando muy tranquilas, hubiese sido muy difícil hacer el cambio”, explica.

Más allá de lo cuantificable en la medalla de bronce de Molinari, el de Lima fue el mejor Juego Panamericano para la gimnasia argentina después de Winnipeg 1999 porque, sobre todo en la rama femenina, se presentó un equipo real y competitivo. Saltaron del octavo puesto de Toronto 2015 al cuarto con la sensación de que la clasificación a un Juego Olímpico es posible. Al menos, están fuertes para ir por ese premio. 

Lima, Perú. Enviada especial.

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