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miércoles, mayo 25, 2022

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El estadounidense que se vino sin entrada a ver a Diego Maradona… y terminó en la platea

Solo los ídolos populares como Diego Maradona despiertan en la gente, provenga de donde provenga, sea del modo que sea, sin importar los gastos y sin saber siquiera si podrán verlo a muchos metros de distancia, esa inmensa alegría por tratar al menos de estar lo más cerca posible.

En la previa a la presentación de Maradona y luego con “él” como protagonista del partido, hubo en la sede de Gimnasia La Plata cerca de 200 solicitudes vía web para asociarse, provenientes de diversos países y más que nada de Italia. Hubo quienes planificaron días de viaje sólo para verlo, sea en la cancha o en los entrenamientos, y luego volver a su rutina.

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Cuando River se mida ante el Lobo en la octava fecha en La Plata, varios serán los fanáticos provenientes del extranjero que querrán observarlo.

Historias como la que sigue podrán contarse de a decenas. Martin Shoffner (56 años) es estadounidense, vive en Virginia y trabaja para el gobierno de su país como supervisor en sistemas eléctricos. Su tarea lo lleva a recorrer muchísimas naciones desde hace varios años.

Tras el Mundial de México 1986 con Diego como estandarte del seleccionado, Martín viajó en 1987 a Nápoles y vivió dos experiencias irrepetibles: conoció a María, quien sería su esposa y la madre de Martin Jr. (32) y Melody (26), y vivió en carne propia la fiebre napolitana con Maradona capitaneando la obtención del Scudetto.

¿Cómo hizo Martin para llegar hasta La Plata un soleado mediodía e intentar ver lo más cerca posible a su ídolo, sin la mínima posibilidad de comprar una entrada, perdido en las alocadas inmediaciones del estadio?

La respuesta parece simple: tuvo suerte. Antes de partir de Estados Unidos el domingo anterior y llegar el lunes, Martín se contactó por Internet con Lucas Murphi (27), un empleado de mantenimiento de la embajada estadounidense en Buenos Aires.

Y en los días previos al debut de Diego, programaron la aventura de venir a la cancha del Bosque. Allí, a la buena de Dios, a menos de una hora del comienzo del partido, se cruzaron con un periodista que recorría las inmediaciones de puro curioso nomás.

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Los tres se saludaron, cruzaron las primeras palabras, en tarzanesco inglés. Conscientes de la imposibilidad de entrar a la cancha, el periodista les dijo que lo único que podía hacer por ellos era conectarlos con algún directivo del club.

Y aquí entra en escena otra protagonista excluyente de la breve historia con final feliz: la dulce Mónica Vidal, secretaria de la presidencia hace 28 años. Gente de corazón grande, sensible al cariño que dispara el ídolo, desde la CD albiazul se activó un mecanismo solidario que interpretó el sentir de los visitantes y los ubicó en la platea. Un sitio preferencial desde donde Martin y su acompañante Lucas vieron la fiesta inolvidable.

A la finalización del match, allí donde humean los patys del bigotón Aldo, con huevo, tomate, lechuga, jamón y hambre repentina, Martín habló con Clarín.

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“Tuve la suerte de vivir desde cerca la impresionante alegría de los napolitanos cuando Diego los llevó al Scudetto. Todo era una fiesta. Mi suegro tenía un perrito al que le había confeccionado una camiseta con la cara de Diego y era la alegría de la calle. Allí nació mi admiración por Maradona”, cuenta.

“Cuando salimos para La Plata, sabíamos con mi amigo Lucas que no había posibilidad de entrar a la cancha, pero así y todo vinimos a la aventura. Tuvimos la suerte de encontrarnos con gente del club que nos ayudó desinteresadamente y pude volver a sentir a mi ídolo desde un lugar muy agradable”, confiesa Martin.

Y concluye: “Jamás olvidaré esta experiencia, porque además creo que Diego es capaz de todo. Y es por eso nada más que pude disfrutarlo al verlo dirigir a su equipo en la cancha.

Este martes, Martin regresará a su pago. Se llevará fotos, camisetas alusivas, anécdotas, sabores y todo el color de un día inolvidable. Un tipo con suerte.

HS

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