“Gambito de dama”, la miniserie sobre la ajedrecista turbulenta es una de las buenas sorpresas del añoEspectáculos 

“Gambito de dama”, la miniserie sobre la ajedrecista turbulenta es una de las buenas sorpresas del año

Un personaje original y un relato sin subrayados, de una sutileza inusual en el supermercado de las series. Se luce Anya Taylor-Joy, la actriz que es un poco argentina.

Anya Taylor-Joy, protagonista descollante de la muy buena “Gambito de dama” (Foto: prensa).

Adaptación de una novela de Walter Tevis, escrita y dirigida por Scott Frank (Godless), Gambito de dama desarrolla su narración en siete capítulos que tienen a Beth Harmon (Anya Taylor-Joy) todo el tiempo frente a nosotros. Desde que es una niña huérfana (la estupenda Isla Johnston), en la que ya despunta el talento para el juego. Hasta una adultez en la que ese talento, ya en las ligas competitivas de alto nivel, lucha por defenderse del peligro que implica ella misma.

Una de esas personalidades complejas, de una mujer castigada por la vida y acechada por un origen traumático. Con problemas de adicción y desamor, de carácter y de soledad. Uno de esos papeles intensos en los que se lucen las buenas actrices y reciben premios de las academias. Es el caso de Taylor-Joy, la intérprete que vivió en la Argentina y que conocimos en La Bruja (y veremos en Mad Max), aquí absolutamente deslumbrante. Sin su impronta, la serie carecería de buena parte de su potencia. Llevando el magnífico vestuario, diciendo más con los silencios impotentes que con los exabruptos, contándonos, mejor dicho, volviendo apasionantes las partidas de ajedrez—tan poco televisivas, tan aburridas para el cine— con su mirada de ojos XL. Con su enigmático rostro “de época”, como de dibujo manga de los sixties, capaz de expresar todo lo que su personaje no es capaz de decir.

Anya Taylor-Joy, deslumbrante en “Gambito de dama”. (Foto: prensa).

El peso de su presencia es esencial para contar la historia de Beth, que va adquiriendo cada vez más fuerza. Una nena huérfana, luego del suicidio de su madre; una infancia en un orfanato, donde se refugia en su mundo secreto. Así como otros chicos tienen amigos imaginarios, o juegan con muñecos, Beth imagina piezas de ajedrez que se mueven en el cielo raso. Habrá un mentor, Mr Schnaibel (Bill Camp), el encargado de mantenimiento que le enseña el juego y descubre su increíble talento. Y habrá también una temprana adicción a los calmantes, que el orfanato administra a sus pupilos para tenerlos controlados. En Queen’s gambit, tal su nombre original, las escenas dramáticas son duras, como la vida dickensiana de la pequeña Beth.

Si este anclaje en el trauma inicial, que explica sus problemas adultos, suena un poco trillado, casi nada más lo es. Beth Harmon, personaje ficticio, será la única mujer en un mundo de hombres, una especie de Bobby Fisher con faldas. Y tendrá una madre adoptiva (Marielle Heller), que también lucha contra sus propias sombras.

Beth Harmon, personaje ficticio, será la única mujer en un mundo de hombres (Foto: prensa).

Será este un vínculo fundamental que le permita despegar como ajedrecista sublime. Su cómplice, su socia, su amiga. Una relación de “sororas” en un relato que no necesita ningún subrayado feminista, ningún guiño a las tendencias de época, ninguna bajada de ningún tipo para transmitir la emoción que producen esas dos mujeres, tomadas de la mano, contando sus monedas, bebiendo de más, pisando juntas sus inseguridades sobre un mundo difícil.

Para ese momento, toda la pereza inicial que para muchos podía producir una serie con el ajedrez como temática, queda lejos. Porque Harmon no es solo un personaje original en tanto ajedrecista mujer, sino por sus contradicciones, su humanidad. Brillante y algo autodestructiva. Acaso demasiado inteligente para poder querer y ser querida sin sufrir en el intento. O quizá con mala suerte, porque la suerte es una idea muy presente en esta historia. Tanto en el tablero de blancas y negras como también fuera de él.

Así como es de única su madre adoptiva. O el adversario ruso inaprensible, personaje misterioso en un fantástico retrato de las tensiones de Guerra Fría vistas por el ojo del ajedrez, que regala la serie en su tramo final. Cuando la emoción se impone con los recursos más nobles.

Isla Johnston y Bill Camp, en una escena de los primeros capítulos de “Gambito de dama” (Foto: prensa).

La elegancia, la inteligencia y la atención al detalle destacan en la producción general de Gambito de dama. En su cuidado diseño, en la sobriedad elocuente de su guion, en su muy buen retrato del mundillo del ajedrez, y sus personajes nerd. Con una mirada de una sutileza llamativa en el supermercado de las series. No busquen trazos gruesos porque —por una vez— no los encontrarán. Busquen, sí, el viejo tablero y sus piezas, porque, además, da muchas ganas de ensayar algunas jugadas en busca del jaque.

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