Lo único que Diego Maradona pudo hacer como una persona normal: morirDeportes 

Lo único que Diego Maradona pudo hacer como una persona normal: morir

-Murió.

-¿Queeeé?

-Murió.

-No puede ser.

-Sí, murió.

Puede ser que gambetee a seis ingleses en 10 segundos a toda velocidad y que al mismo tiempo pispee que Valdano pica por la otra punta.

Puede ser que cinco minutos antes haya saltado con el brazo encogido y sacado el puño en el momento justo para primerear al arquero y dejar a todos mirando sin saber bien lo que estaba pasando.

Puede ser que pese más de 100 kilos y al año siguiente aparezca en el centro de un estudio de televisión con un traje ajustado y una figura atlética.

Puede ser que elogie a Menem, que se ponga una remera con la cara de Cavallo, que insulte a Duhalde y ame a Kirchner.

Puede ser que le dé la espalda al mismo hijo o a la misma hija a los que luego les dará un abrazo.

Puede que el mejor de todos jugando sea un mal director técnico.

Puede manejar un Scania y una Ferrari.

Puede ser que no pueda caminar una cuadra tranquilo, que no sepa lo que es usar una billetera y que no tenga autonomía siquiera sobre su teléfono celular.

Puede ser que no lo dejen entrar a Estados Unidos porque justo cuando estaban por habilitarle la VISA dijo que Trump era Chirolita.

Puede estar en una clínica de rehabilitación en Cuba mirando videos de El Chavo.

Un homenaje de los hinchas en Villa Fiorito. (Foto: AFP)

Puede dejar plantado a Vladimir Putin porque “vos sabés que a las 10 de la mañana para mí es muy temprano”.

Puede bailar y cantar mejor que muchos especialistas.

Puede salir de la droga cuando parecía imposible que lo hiciera.

Puede transformar a una ciudad como Nápoles en un templo eterno.

Puede pelearse y amigarse con cualquiera y las veces que quiera.

Puede pedirle con sigilo, aunque sin suerte, al director de una clínica en la que estaba internado si podía conseguirle un Fernet y una Coca.

Puede irse a dormir destruido y levantarse como nuevo. Y al otro día hacer lo mismo pero a la inversa.

Puede ponerse más de un bypass gástrico, claro que puede, si es Maradona.

Puede pedir que le traigan un caballo a su casa y al otro día tenerlo ahí, caminando por el parque.

Puede meter un gol de tiro libre por arriba de la barrera dentro del área.

Puede levantar la Copa del Mundo y abrazarla como ningún otro.

Puede ser reconocido en cualquier punto del mundo.

Puede no olvidarse nunca de Villa Fiorito.

Puede ser y hacer todo lo que ya se escribió y se escribirá hoy y los días que vengan.

Y puede morirse, Diego.

Y puede incluso morirse como una persona normal.

Puede morirse y que no sea en una orgía, ni en una fiesta rodeado de decenas de amigos, ni con cocaína en la mesa, ni a los veintipico de años, ni en un accidente de tránsito, ni por sobredosis, ni por falta de cuidados, ni borracho, ni de un disparo.

Acaso sea eso lo que nunca dejó entrever que podía pasar.

Puede morirse un miércoles cualquiera, al mediodía y en su casa.

Acaso su vida fue tan anormal que su muerte también debía serlo. Que el libreto no se permite un simple paro cardiorespiratorio.

¿Pero cómo? ¿Pero por qué?

Un hincha de Argentinos llora frente a un mural de Maradona. (Foto: DPA)

Puede ser que su último acto haya sido uno de los pocos mundanos. Que los indicios hayan sido verídicos, que el traje de superhéroe ya no le quedara cómodo, que los problemas anímicos fueran más dañinos que los físicos.

Que se haya ido como un hombre de 60 años encerrado en un cuerpo y una mente que fueron capaces de hacerlo todo.

Sin escapatoria: solo había una manera de dejar de ser Maradona.

La manera más normal, dura, cruel, dolorosa.

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