Braian Romero, el goleador impensado al que los médicos le habían dicho que no iba a poder caminarDeportes 

Braian Romero, el goleador impensado al que los médicos le habían dicho que no iba a poder caminar

El hombre al que hace ocho años los médicos le dicen que su carrera está terminada y que es posible que no pueda volver a caminar, va al encuentro de un regalo, se toma su tiempo, relojea la salida apresurada del arquero y gira con el margen exacto su botín derecho para levantar la pelota con categoría y conducirla hacia la red.

El mismo jugador que a los 21 años se despertó de una siesta con un fuerte dolor en el sacro que fue creciendo con el correr de los días hasta que los médicos de Acassuso, el club en el que jugaba, lo trasladaron al hospital en el que lo dejaron internado por artritis.

“Me llegaron a poner morfina. Pero más allá de las medicación, no sentía mejora. Caminaba como un anciano”, recordó en una entrevista hace dos años, cuando se convirtió en refuerzo de Independiente.

Braian Romero ahora revolea la camiseta, señala al cielo, festeja, recibe el abrazo de todos. “En plena pandemia me dijeron que no me iban a tener en cuenta”, dice transpirado todavía sin haber tocado la Copa Sudamericana.

Es que Defensa y Justicia lo cobijó cuando Independiente lo postergó. Y Hernán Crespo, que de eso sabe y mucho, le encontró su lugar en el centro del ataque del Halcón para potenciar su rendimiento y encontrar nada menos que 10 goles en el torneo de la consagración.

Romero dice que lo suyo fue un milagro de Dios. Que encontró una luz cuando los médicos le aconsejaban buscar un empleo dentro de Acassuso y lejos de los botines. “Sufrí mucho, volví a nacer. Después empecé a valorar mucho todo”, insiste con la medalla de campeón colgada de su cuello.

Dio el salto a Colón de Santa Fe en 2015. Logró consolidarse en Argentinos Juniors y gritar 22 goles en 68 partidos. Ese nivel generó la atención de Independiente pero el contexto de un equipo sin rumbo lo metió en la bolsa de intrascendencia en la que cayeron varios de los que pasaron por el club. Buscó revancha en Atlético Paranaense, pero la encontró en Florencio Varela.

Dos goles a Sportivo Luqueño por la segunda ronda, uno en Varela y otro en Paraguay; un grito frente a Vasco da Gama en octavos de final; tres tantos en la serie de cuartos de final contra el Bahía y un triplete en la revancha de las semis frente a Coquimbo para sacar pasaje al partido más importante de la historia de Defensa y Justicia.

“La verdad es que era la única opción, justo me daba el sol en la cara y la agarré justo, gracias a Dios definí bien y pudo entrar”, dice sobre el toque por encima de Lautaro Morales para empezar a liquidar la final ante Lanús.

“Nos merecíamos coronar esta gran Copa, el equipo jugó siempre de la misma manera. Nos sentimos espectacular, el equipo estuvo muy sólido, fue digno de una final y me da felicidad la manera en la que se ganó”, dice Romero que en la previa de la final había soñado con regalarle una alegría a la gente de Florencio Varela, a los que viven en las inmediaciones del estadio y no tienen asfalto en la puerta de su casa. 

“Nosotros queríamos ganar para darle una alegría a ellos, a los hinchas. Ahora que disfruten, no se van a olvidar más de esta Copa”, apunta el goleador y figura de un equipo que sin duda quedó para la historia. 

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