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sábado, diciembre 2, 2023

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Que el fútbol argentino no le eche la culpa al coronavirus

La pandemia no dejó lugar del planeta sin impactar. Más de cien millones de contagios y más de dos millones de muertes hablan de su efecto devastador. Y ni que hablar de los daños colaterales que erosionan las economías y golpean, en mayor o menor medida, en los bolsillos de todos.

El fútbol no quedó exento al sacudón. Lo marcan diferentes previsiones que se difundieron en los últimos días. Según un relevamiento de la consultora Deloitte serían de 2.500 millones de dólares las pérdidas, combinadas las temporadas 2019-20 y 2020-21, para los 20 clubes top del continente. El presidente de Juventus, Andrea Agnelli, cree incluso que el daño económico será más grande y que las pérdidas globales superarán los 10 mil millones de dólares.

¿Qué le queda entonces al resto? En eso anda el fútbol en Argentina, donde las crisis son eternas y los clubes, mayoritariamente, están lejos de ser prolijos con sus economías y con sus finanzas. Los números en rojo son una constante. Esto se refleja en un mercado de pases apagado y que fuerza irremediablemente a la austeridad porque obliga a vender para salir a comprar o para saldar deudas que lucen impagables.

Esa austeridad forzada, que también ocurre en Europa, aunque allí todavía tienen el commodity de contar con las grandes figuras como imán, pega de lleno en la calidad de un producto que, dólar mediante, está cada vez más lejos de poder competir con otros mercados más ordenados.

Sin grandes nombres, con Boca y River despegados por peso propio -el equipo de Russo ganó la última Copa Maradona a pesar de jugar, casi de principio a final, con suplentes-, el fútbol argentino se devalúa sin parar. Ni que hablar de la ausencia de descensos. O que el torneo tendrá 26 equipos y 13 de ellos -sí leyó bien: la mitad-, apuntarán a sus compromisos internacionales porque allí está la chance de embolsar algunos dólares frescos. Podrán sobrar las emociones, pero luce difícil que el espectáculo sea potable.

Y ahí, por más que algunos quieran hacer creer lo contrario, ya no se le puede echar la culpa al coronavirus. Las malas administraciones anteceden a esta maldita crisis pandémica.

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