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El hincha del banderín: buscaba un autógrafo de sus ídolos antes del partido y terminó en la cancha como juez de línea

Ocurrió hace 30 años en Huracán-Chaco For Ever, en Parque Patricios. Como uno de los lineman no había llegado, Marconi recurrió a un niño de 13 años que estaba en los pasillos del estadio.

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El fútbol suele regalarnos muchas sorpresas, pero lo que paso el 28 de abril de 1991 no debe tener antecedentes en el fútbol profesional. Ocurrió en Parque de los Patricios, en la cancha de Huracán. Faltaba cerca de media hora para que comenzara el partido entre el Globo y Chaco For Ever. Los equipos estaban en sus respectivos vestuarios, mientras Babington y Rosales le daban las últimas indicaciones a sus jugadores.

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El árbitro designado era Guillermo Marconi, quien en esa época ya era titular de SADRA, el gremio que agrupa a los profesionales del interior. El juez principal estaba junto a Daniel López (asistente) cuando comenzaron a preocuparse por la ausencia de Oscar Sctesce, el segundo juez de línea.

Se acercaba la hora del partido y no llegaba. Tanto Marconi como Daniel López ya estaban preparados para salir a la cancha, a la espera del compañero demorado. En aquella época, en la que no existían los teléfonos celulares ni era tan fácil la comunicación, había que tomar una decisión.

Entonces, minutos antes salir a la cancha, Guillermo Marconi tomó una decisión que se convertiría en un hecho digno de un cuento del Negro Fontanarrosa. “Acercate por favor, querés ser de juez de línea mío. Acá y ahora”, le dijo a Leonardo Fernández Blanco, un pequeño hincha de 13 años que estaba en los pasillos del estadio esperando por un autógrafo de sus ídolos. Le pidió que lo acompañara al campo de juego y le dio unas directivas.

Vestido de jean, el fanático de Huracán posó con su “colegas” y ambos capitanes para la foto de rigor en el centro de la cancha. La imagen es surrealista: dos jugadores profesionales (uno de ellos Héctor Cúper, hoy reconocido DT), dos árbitros profesionales y un niño de 13 años con pantalones largos. “Me hicieron poner un buzo que no era mío porque yo estaba con la camiseta de Huracán”, recuerda Leonardo.

Sin ningún tipo de preparación, el intrépido adolescente estaba en la cancha de sus amores, cerca de sus ídolos a quienes debía controlar. Ahora debía impartir justicia. Marconi le dio una directiva muy precisa: sólo debía levantar la bandera cuando el balón se fuera al lateral. “De la posición fuera de juego me encargo yo, pero el banderín lo levantas bien alto cuando la pelota se va”, le pidió.

Leonardo estuvo desconectado: “Yo era un hincha y estaba viendo el partido y Marconi me gritaba ‘levantá el banderín, levantá el banderín’ porque yo estaba en otro lado”.

Esa tarde Huracán le ganó 4 a 3 a Chaco For Ever. El primer gol del Globo lo anotó el Bichi Borghi de tiro libre y el pibe del banderín no se pudo contener: gritó el gol como un hincha más. Recibió el reto del árbitro principal, que le recordó que ahora su función requería de una imparcialidad rigurosa. “No festejés”, le protestó, casi con un tono paternal.

Cuando el partido iba 1 a 1 y se jugaban 28 minutos del primer tiempo, apareció en la cancha Oscar Sctesce. El asistente “remolón” fue sigilosamente hacia su puesto de trabajo y le quitó el banderín a Leonardo, que volvió a la tribuna como un héroe y una anécdota a cuestas que el lunes le contó a todos sus amigos en la escuela. El día que entró a la cancha con sus ídolos.

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