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Carlos Timoteo Griguol, más que un entrenador, un maestro del fútbol que sembró educación y respeto

El Viejo o Timoteo. Timo, para los más íntimos. Siempre de gorra o con boina. Fue mucho más que un buen entrenador. A diferencia de quienes solo preparan un equipo para salir a jugar el fin de semana, Carlos Griguol también se encargaba de consolidar personas para la vida afuera de la cancha. Un verdadero maestro de los que ya no hay, o quedan muy pocos. Un docente del fútbol que dejó una huella imborrable por los clubes donde dirigió durante más de 30 años.

Su perfil de DT detallista y riguroso, conservador u ofensivo de acuerdo a diferentes etapas de su carrera, comenzó a formarse en Atlanta, donde jugó entre 1957 y 1965. En el Bohemio tuvo como compañero a Osvaldo Zubeldía, quien luego pasó a ser entrenador y lo dirigió. Quien luego fuera el entrenador del Estudiantes tricampeón de América e Intercontinental lo marcó. Su carrera como jugador siguió y terminó en Rosario Central, donde a su vez arrancó una larga etapa como entrenador que duraría tres décadas, y en las que ganó cuatro títulos, además del respeto de todo el mundo del fútbol.

Nacido en Las Palmas, Córdoba, nunca perdió su tonada. Hombre firme y estricto, amigo de la disciplina, la táctica y los entrenamientos, y muy fanático del básquet, de donde incorporó conocimientos que luego aplicó en el fútbol. Íntimo de León Najnudel, el padre de la La Liga Nacional de Básquet en la Argentina, a quien conoció en su brillante paso por Ferro Carril Oeste.

CON TROGLIO. Griguol y el actual entrenador del Lobo.

Primer título en Rosario Central

Timoteo se retiró como jugador en 1969, donde incluso llegó a vestir la camiseta del seleccionado argentino que ganó la Copa América de 1959, y dos años después ya estaba dirigiendo a Central. En 1973 consiguió el segundo título del Canalla en el profesionalismo ganando el torneo Nacional en un cuadrangular final ante River, Atlanta y San Lorenzo. Entre otros jugadores estaban Aldo Pedro Poy, Carlos Aimar, Eduardo Solari y Daniel Killer.

Los años dorados de Ferro

Llegó a Oeste en 1979 luego de haber pasado por Central, Tecos de México y Kimberley de Mar del Plata. Armó un equipazo con su sello distintivo: firme en defensa y muy fuerte en ataque. Ese Ferro fue bicampeón argentino en 1982 y 1984 con jugadores como el Beto Márcico, Héctor Cúper, Oscar Garré, el recordado Cacho Saccardi, Adolfino Cañete y Rocchia y Crocco, entre otros. Además, compitió con el Independiente de Bochini, el Boca de Maradona, el River de Kempes y el Estudiantes dirigido por Carlos Bilardo, entre otros rivales de enorme jerarquía en épocas donde el fútbol argentino era de elite.

En Ferro se quedó muchos años y luego le llegó la gran oportunidad de su carrera: River. La historia no fue fácil. A su regreso, ya con el club de Caballito en otra etapa, hizo debutar en Primera división a jugadores como Germán Burgos y Roberto Ayala.

Griguol y su ayudante de campo Carlos Aimar en 1984.

Un año en River, un título y adiós

El recuerdo de Griguol en River no es del todo bueno, aunque ganó la Recopa Sudamericana ante Alajuelense. Llegó en 1987 para reemplazar al Bambino Veira, que había sido campeón de América e Intercontinental. El plantel estaba lleno de figuras y campeones del mundo como Oscar Ruggeri y el Tolo Gallego. No fue nada fácil y le costó imponer su estilo y disciplina en un vestuario ganador. En esa temporada el Millonario terminó cuarto y él volvió a Ferro para dirigir otros cinco años, entre 1988 y 1993, en la antesala de su recordado desembarco en Gimnasia de La Plata.

En el Lobo solo le faltó el título

Griguol probablemente sea el ídolo máximo de la historia de Gimnasia. Marcó una época y solo le faltó coronar su trabajo con un título que se le escapó varias veces por muy poco. Incluso, en 1995 tenía todo servido para ser campeón y el Lobo perdió ante Independiente por 1 a 0 en el Bosque y le dejó servida la coronación a San Lorenzo. Luego llegarían equipos que superaron futbolísticamente al del ´95 y que pelearon los campeonatos mano a mano con los grandes. Otra vez fue subcampeón en 1996 con jugadores del nivel del Beto Márcico, Pepe Albornoz y Guillermo Barros Schelotto. En 1998 otra vez armó un equipazo que salió segundo con jugadores como Andrés Guglielminpietro, el Pampa Sosa, Mariano Messera, Chirola Romero y Leandro Cufré.

El Betis de España fue su única experiencia en el fútbol europeo. No le fue bien y el equipo andaluz terminó descendiendo a Segunda división. También tuvo un breve paso por Unión de Santa Fe en 2002, antes de cerrar su carrera en 2004 en Gimnasia.

Una enfermedad lo fue alejando del mundo del fútbol y se recluyó con su familia, siempre viviendo en el barrio porteño de Caballito, donde pasó los últimos años de su vida con su esposa Bety, sus hijas y sus nietos.

La estatua en Ferro

En 2016 Ferro decidió homenajear en vida a Timoteo colocando una estatua de bronce en las instalaciones del club. A sus 82 años vivió un momento muy emotivo con su familia y amigos del fútbol en el club que definitivamente se ganó gran parte de su corazón.

El mejor legado: la educación

Más allá de títulos y buenos resultados, Griguol dejó un legado en los futbolistas que dirigió: la educación. Como DT estaba pendiente de todos los detalles que necesitaba un profesional para rendir adentro de la cancha, como el descanso y la alimentación, pero además hacía mucho énfasis en que los jugadores completaran sus estudios secundarios, les pedía que realizaran cursos de inglés y computación, y los asesoraba sobre cómo invertir el dinero que ganaban y no malgastarlo. Son famosos sus reproches a futbolistas que se compraban el auto antes que la casa, como también la anécdota con el delantero juvenil Fernando Gatti, a quien dejó afuera de varios partidos por no aprobar los exámenes para terminar el colegio secundario.

En Gimnasia también se encargó de mejorar las instalaciones del predio de Estancia Chica, donde se entrena el plantel profesional. Controlaba las canchas y hasta se subía a los tractores para cortar el pasto.

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