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Dólar: por qué el atraso cambiario tiene fecha de vencimiento

El Banco Central (BCRA) permitió esta semana el menor deslizamiento del dólar mayorista o comercial en casi seis meses.

Fue al convalidar en la jornada un ajuste de apenas 6 centavos (el más alto para una rueda común en el período), que lo hizo cerrar a $93,85, 29 centavos por encima de los $93,56 del viernes anterior y que supone una actualización de solo 0,31% en ese lapso. “La más baja desde la última semana de octubre sin contar la semana de este año que coincidió con Semana Santa”, explicó Gustavo Quintana, de PR Cambios.

Así confirmó su aval a la estrategia del ministro de Economía, Martín Guzmán, de usar el tipo de cambio como “ancla” contra la inflación (que no aporta aún resultados), aunque la figura del funcionario quedó devaluada por los ataques recibidos desde la propia coalición oficialista.

El ritmo cada vez más cansino del crawling peg no sorprende al mercado, que se ya acomodó para sacar provecho y se lanzó en los últimos días a calcular cuán sostenible puede resultar la estrategia del BCRA.

No en vano aparecen informes y cálculos para mostrar que la apuesta oficial no es “sustentable”, un vocablo al que suele apelar el ministro Guzmán, aunque sin llegar a hacer docencia en la administración de la que es parte. Es decir, que deberá ser revisada por el regulador o imposición de las propias circunstancias, más temprano que tarde. Incluso antes de las elecciones.

Algo de esa apuesta se comenzó a ver en la segunda mitad de abril, cuando los dólares alternativos despertaron y la demanda de coberturas se reactivó tras meses de calma.

Quien mejor explicó esas limitaciones fue la consultora Analytica, que dirige el economista Ricardo Delgado, en un informe elocuentemente denominado “La estrategia cambiaria en tiempo de descuento”.

Allí recuerda que, “mientras los activos del BCRA se valorizan al ritmo del cambio oficial, los pasivos lo hacen a la tasa de los pasivos remunerados”.

Al respecto observa que mientras la tasa anualizada de depreciación del peso fue de 27% en abril (cayó al 20% en los últimos 30 días), la tasa que paga por sus pasivos va del 31 al 34,5% anual, en el caso de los pases, y llega al 38% en el caso de las Leliq, que explican 60% de esa deuda. “Si el mercado nota que esa lógica no es sostenible se irá corriendo hacia posiciones especulativas”, advierte.

Incluso esa conclusión puede precipitarse según lo que el Gobierno decida en relación con la deuda con distintos organismos que le vence en el corto y mediano plazo. “Como todo bien escaso, debería decidir la asignación de los dólares de la mejor forma, pero lo cierto es que si en los próximos meses no alcanza un acuerdo con el FMI, el Gobierno demandará sostenidamente divisas para hacer frente a sus compromisos”, explica.

Alude al vencimiento de US$2400 millones con el Club de París, que una misión oficial buscará desde este fin de semana postergar.

Pero también al calendario de pagos que plantea el último acuerdo con el FMI (por los plazos de amortización) al incluir pagos de US$296 millones, 396 millones y 390 millones en mayo, agosto y noviembre por interés y el inicio de los reintegros del capital girado entre 2018 y 2019 en cuotas de U$S1868 millones por trimestre a partir de septiembre.

“Es evidente que ese flujo de pagos atenta contra la posible continuidad de la estrategia de apreciación cambiaria”, apunta, tanto en caso de que se concreten (porque afectarían más el activo del BCRA cuando el costo de sus pasivos no deja de subir y promedia los $100.000 millones/mes), como si opta por ignorarlos.

Para Federico Furiase, de EcoGo, la apuesta se ve limitada porque “no hay nafta en reservas y la inercia inflacionaria complica las cosas”.

“La tentación de atrasar el cambio real con cepo se puede acrecentar cuando el BCRA reciba los DEG, más si la soja acompaña. Pero deslizando 1,5%por mes el dólar y con inflación manteniéndose al 3% mensual, se llegaría a noviembre de 2023 con un cambio al mismo nivel que tenía antes de que le estallara la corrida a Macri”, observó al realizar una simulación para dar con el nivel que detonaría una nueva crisis.

Para Analytica la necesidad de virar para evitar que se repita una crisis se presentará bastante antes. “O el Gobierno vuelve a un ritmo de depreciación más acorde con la nominalidad de la economía o endurece más los controles sobre importaciones, aunque con un efecto negativo sobre actividad y precios”, señalan, y auguran para los próximos meses “un mix de ambos escenarios”.

En Consultatio creen que el momento “bisagra” llegará entre julio y agosto, y no por la lógica típicamente electoral de la política económica, sino porque la serie de desequilibrios acumulados empezará a pasar factura. “Tenemos eventos de deuda (vence el primer cupón de los bonos del canje y caduca el período de gracia con el Club de París), un deterioro cambiario que saldrá a luz junto a la peor estacionalidad de la oferta de divisas y cuando volverá a golpear el déficit energético”, enumera, entre otras cosas.

Lo concreto es que se descuenta que el mercado, para entonces, tendrá motivos de sobra para demandar más coberturas, lo que haría que el reloj de arena (hoy mojada) de la política cambiaria oficial se vaya secando.

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