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El ruego que Angela Merkel ya les escuchó a Néstor y a Cristina hace 15 años

Angela Merkel va rumbo a su décimo sexto año en el poder, que será el último. El mundo cambió de arriba abajo en ese tiempo, pero la canciller alemana habrá podido comprobar hoy la capacidad argentina de repetir indefinidamente la historia en busca de resultados diferentes.

Desde su despacho en Berlín, Merkel Alberto Fernández“>escuchó a Alberto Fernández transmitirle un pedido que ya le habían hecho Néstor y Cristina Kirchner desde 2006 en adelante: una ayuda para negociar la deuda con el Club de París sin que intervenga el Fondo Monetario Internacional (FMI), en contradicción con lo que establecen las normas del grupo.

La canciller se ha curtido en capitanear crisis financieras monumentales en Europa y se ganó fama de severa defensora de las reglas, una líder rígida que exige al deudor asumir sus responsabilidades y que no regala asistencia sin compromisos. Y, sobre todo, que habla claro, sin eufemismos. El valor que da a la palabra la ha convertido, ya en el camino de salida, en una figura respetada incluso entre quienes están en el extremo ideológico opuesto.

Néstor Kirchner fue el primero en buscar un guiño de Alemania para negociar con el Club de París sin el FMI en el medio. En mayo de 2006 se lo planteó al entonces ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, de visita en Buenos Aires. Y pocos días después lo habló con Merkel en persona, la única vez que se reunieron, en una cumbre internacional en Viena. La canciller tomó nota, pero dejó en claro que la Argentina debía “honrar las deudas para integrarse al mundo”. Con formas diplomáticas, recordó que las reglas del club estaban para ser cumplidas.

El contexto era distinto: la Argentina estaba en default con el Club de París y regularizar la situación había pasado a ser una prioridad después de haber cerrado con bastante éxito el canje de la deuda privada. Al FMI, Kirchner le había pagado con reservas todo lo que le debía -US$9800 millones- en diciembre de 2005 con la intención de que no tuviera más injerencia en el país. Por eso consideraba inaceptable la condición de que el organismo hiciera una revisión de la economía argentina como paso previo a renegociar la deuda en mora con los países centrales.

Alemania tenía y tiene la porción más grande de esos títulos repartidos entre 22 países, por eso su postura es absolutamente decisiva.

Néstor Kirchner y Angela Merkel durante una cumbre celebrada en Viena, en 2006, en un encuentro en el que la canciller exhortó a la Argentina a “honrar las deudas para integrarse al mundo”Archivo

Cristina Kirchner intentó reflotar el aval de Merkel en 2007. Durante su campaña presidencial, ella se declaraba como la evolución institucionalista del kirchnerismo. Un argumento tejido por quien era el jefe de Gabinete de Néstor y lo sería de ella, Alberto Fernández. Su modelo, afirmaba sin hesitar, era Alemania.

En septiembre de aquel año, un mes antes de las elecciones, partió a una gira por Alemania y Austria que contó con un fuerte apoyo organizativo de empresas de ese origen, como Siemens y Volkswagen. Merkel hizo la concesión de recibirla, pese a ser solo una candidata. Gran foto de campaña para quien era la favorita absoluta en la carrera.

Un día antes del encuentro, la entonces primera dama dijo ante empresarios germanos: “Tenemos una manifiesta vocación de pagar la deuda con el Club de París. Pero se nos exige someternos a una revisión del FMI que es inviable en términos políticos, económicos y de lógica”.

Merkel la recibió en el impactante edificio de la Cancillería, sobre el río Spree y con un pedazo de Muro de Berlín que todavía cruza sus salones. Se sacaron una foto sonriente, le prometió fomentar inversiones y le dijo en persona lo que su ministro de Economía, Michael Gloss, afirmaría unas horas después en una entrevista con LA NACION: “Todavía tenemos la esperanza de que la Argentina acepte las condiciones del grupo”.

Cristina Kirchner habla sobre el Club de París ante Angela Merkel, en octubre de 2010

En octubre de 2010, ya como presidenta, Cristina Kirchner volvió a Berlín para una reunión de trabajo con Merkel. Otra vez el tema central pasaba por arreglar la deuda en mora desde 2001. La Presidenta volvió a plantear que la Argentina quería pagar, pero sin intervención del Fondo. La anfitriona lo rechazó, con una larga argumentación en favor de respetar lo que está escrito. Cristina repitió en público su posición cuando ambas ofrecieron una declaración oficial. Merkel hizo deliberado silencio sobre el tema ante una pregunta de la prensa argentina. Nada se movió.

El acuerdo para salir del default con el Club de París terminó por cerrarse cuatro años después de aquella visita. Axel Kicillof era el ministro de Economía y logró completarlo en mayo de 2014 con el mandamiento que exigía Cristina: sin el FMI.

Saltarse el reglamento tuvo su precio. La deuda constaba de un capital de 4955 millones de dólares, más intereses por 1102 millones. No hubo quita, se aceptaron punitorios correspondientes a los años impagos por 3633 millones más y se pactaron plazos inhabitualmente cortos: cinco años.

Axel Kicillof, en una reunión que duró 16 horas con representantes del Club de París, en 2014, previa al acuerdo; lo acompañaban Pablo López y Federico Thea, dos actuales miembros de su gabinete bonaerense Ministerio de Economía

Kicillof celebró una baja en la tasa (antes del acuerdo era del 7% y pasó a un rango entre el 3 y el 4,5%), pero volvió con una factura de US$9690 millones, 50% más de la deuda que tenía que renegociar. Y ante la posibilidad de un default los punitorios aceptados son altísimos. Podrían agrandar la cuenta pendiente con el club en otros US$2000 millones.

El lunes vence la cuota de US$2400 millones que Fernández quiere postergar sin que se ejecuten los cargos extra y sin atarlo a la discusión con el FMI por los US$44.000 millones de dólares que tomó el gobierno de Mauricio Macri.

En el Gobierno mantienen la esperanza de un acuerdo de conveniencia mutua. A nadie le sirve un default de la Argentina, sostienen. Probablemente se abra el lunes el período de gracia de dos meses antes de la ejecución de los punitorios. Y en ese lapso se buscará una forma de postergar los pagos hasta después de las elecciones, insisten.

Esperanza y tensiones

Contrarreloj, el Presidente busca que Merkel lo ayude a salir del laberinto. Cristina Kirchner -que ya chocó con esa piedra- no se mueve de la exigencia de no involucrar al FMI en estos momentos. Si hacía falta otra señal, ayer el kirchnerismo más duro lo expuso en la proclama en la que directamente milita el default.

Barack Obama, Angela Merkel y Cristina Kirchner en 2011YVES HERMAN – X00380

El ministro de Economía, Martín Guzmán, había recibido a fines de 2020 tres pedidos básicos de los burócratas del Fondo para alcanzar un acuerdo que le permita despejar el escenario de vencimientos pesados que se viene a partir de 2022: encarar una reducción paulatina del déficit, establecer un régimen cambiario sustentable y bajar la carga impositiva a la producción.

Guzmán intentó contener el gasto, ayudado por la suba de los ingresos que le regaló la supersoja, pero la presión kirchnerista le impidió tocar la llave maestra: los subsidios energéticos. Casi salta por los aires cuando quiso echar al subsecretario Federico Basualdo. Las tarifas no subirán más que el 9% y le llueven pedidos para repartir fondos de emergencia por la pandemia. Las necesidades electorales lo llevaron a pisar el tipo de cambio. Y en lugar de bajar impuestos a la producción, está a punto de sancionarse una suba de ganancias para las empresas.

El Gobierno fue a contramano de todos los pedidos de su acreedor principal y dobló la apuesta. Cristina exige que se los vencimientos se refinancien a 20 años, aunque el estatuto del Fondo no contempla planes mayores a 10 años. Fernández buscó apoyo en Europa para que se bajen las sobretasas del 2% que se le cobran al país por haber accedido a un crédito que supera el 1000% de su cuota. Además, reclama que se le dé un aporte extra de los Derechos Especiales de Giro (DEG) que el FMI va a repartir de manera extraordinaria este año, en función de las mayores necesidades que tienen los países como la Argentina en plena pandemia en comparación con los industrializados. Pero le advierte -con una declaración que votó el kirchnerismo en el Senado- que esos fondos no los va a destinar a saldar deuda o a fortalecer las reservas: los quiere usar para aumentar el gasto interno.

La proclama kirchnerista de ayer redondea la posición de un negociador inasible. Habla directamente de no pagar y exige que se avance con la denuncia penal contra los burócratas de Washington que aprobaron los préstamos al gobierno anterior.

Todo un desafío para la lógica alemana. ¿Cederá Merkel? Un alto funcionario de la administración Macri, que la trató con cierta frecuencia, recuerda: “Angela la primera vez que te ve te pregunta qué necesitas y trata de ayudarte. La segunda espera resultados. Si no los tenés, no vas a encontrar mucho más que sonrisas de cortesía”.

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