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Peligra la organización de la Copa América en Argentina: la Conmebol le exigió al gobierno que haya público en la final

“En 48 horas se define todo”. De un lado y del otro, nadie puede dar precisiones. La única certeza es que la Copa América todavía no tiene una sede segura. Por ahora, y a pesar de ciertas demostraciones públicas, el Gobierno Nacional y las autoridades de Conmebol no llegaron a un acuerdo. 

“El gobierno argentino presentó a la Conmebol un estricto protocolo para que se realice la Copa América 2021 en el país. En una reunión que transcurrió en la Quinta de Olivos, se evaluaron los aspectos organizativos y logísticos -con la eventual habilitación de sedes adicionales- y todo lo concerniente a los protocolos sanitarios”, comenzó el comunicado emitido por la federación de fútbol, tras la reunión del presidente Alberto Fernández y del titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez.

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Y cerró: “El análisis de la disputa de esta Copa América y sus protocolos sanitarios para que se pueda organizar en el país quedará bajo el riguroso estudio de funcionarios del Ministerio de Salud de la República Argentina. Así lo acordaron el presidente de la República Argentina, Alberto Fernández, y el titular de la Conmebol, Alejandro Domínguez, en una reunión en la tarde de este miércoles”.

Las decisiones por la organización de la Copa en el país son a contrarreloj y después de que Colombia se bajara como sede, tras los problemas sociales y políticos que enfrentan desde las últimas semanas. Por supuesto, la principal preocupación del Gobierno Nacional es la pandemia de coronavirus y, principalmente, la suba de contagios y de muertes en el marco de la segunda ola. 

A eso se suma una encrucijada política y la gran pregunta que atraviesa a los funcionarios nacionales: mientras se disponen nuevas restricciones sanitarias en las zonas de Alarma Epidemiológica, ¿tiene sentido organizar la Copa América? La respuesta más sensata es muy fácil. No. 

Basta con mirar los reportes sobre la situación epidemiológica a nivel nacional para entender que traer delegaciones extranjeras no sería lo más conveniente. Mucho menos sumarle a más de 1.700 personas que vendrían a trabajar en el marco del torneo sudamericano y que no deberían cumplir con la cuarentena obligatoria por contar con pedidos especiales. 

En ese sentido, el Gobierno pone en la balanza que pesará más durante las semanas en las que se lleve a cabo la competencia: ¿tendrá menos acatamientos las medidas restrictivas? ¿cuál será el costo político, social y sanitario? ¿se multiplicarán las protestas sociales? 

Pero a todas esas inquietudes, se han sumado exigencias. Y de parte de la Conmebol. En primer lugar porque el fútbol es un gran negocio. Y en segundo lugar porque la Confederación Sudamericana de Fútbol pretende que el show debe continuar. Cueste lo que cueste. Por esos motivos, las autoridades le pidieron al Gobierno Nacional que en las semifinales y, principalmente, en la final de la Copa América, debe haber público.

Ese pedido ha puesto una incógnita en la realización del campeonato en Argentina. Por supuesto, el presidente Fernández no está dispuesto a que haya público en los estadios en ninguna de las fases de la copa y mucho menos cuando los casos siguen aumentando. El mismo día que Conmebol hizo esa exigencia, Argentina rompió un triste récord y superó los 40.000 casos en sólo 24 horas. 

En ese contexto, el Gobierno Nacional decidirá si la Copa América se hace o no durante la próxima semana. Algunas fuentes oficiales estiman que incluso podrían dar la respuesta definitiva el próximo lunes. 

Mientras la Selección Argentina ya se encuentra concentrada en el predio de Ezeiza, incluso con Lionel Messi, Argentina ya le confirmó a Conmebol las diversas sedes: La Plata; Córdoba; Santiago del Estero; Buenos Aires y Mendoza. 

Pero la última palabra la tomarán Fernández y la ministra de Salud, Carla Vizzotti. “Estamos analizando la situación desde el punto de vista epidemiológico y esperamos que de acá a nueve días podamos detener la curva de aumento. Recibir entre 1000 y 1200 personas de distintos lugares con un protocolo muy estricto no es una situación epidemiológica de gran relevancia”, había dicho la ministra hace unos días. 

La competencia debería comenzar el 13 de junio y finalizar el día 10 de julio. Tras la baja de Colombia, todos los partidos se iban a disputar en territorio nacional. O al menos eso iba a ocurrir si no aparecían las exigencias de la organización. Ante la negativa del Gobierno, Domínguez sacó a relucir un plan B.

Tras no poder trasladar la competencia a Estados Unidos, Conmebol quiere que Chile se sume a la organización para sumar más sedes. En ese sentido, cambiarían los grupos de la primera fase del torneo y acomodarían los partidos a diversos estadios del país vecino. El objetivo final es que sea Chile el lugar donde se jueguen las semifinales y la final del torneo. Y, tal como pretende la Conmebol, con público. 

En el sorteo de diciembre de 2019, Argentina iba a organizar los partidos del Grupo A, en los que enfrentaría a Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay. Con un nuevo organizador, esa idea se caería por completo. 

A todo ésto, Conmebol exigió que los jugadores sean vacunados con las dosis de Sinovac que compró al laboratorio chino. En un comunicado, la organización dio a conocer la noticia y pide que los futbolistas reciban, al menos,  una dosis de esa vacuna contra el coronavirus, que aún no fue aprobada en el país. 


Por el momento, no hay más definiciones. Las próximas horas serán determinantes para la realización del torneo en Argentina. Y puede ocurrir cualquier cosa. El Gobierno Nacional aún evalúa si puede ser un peligro para todos ser la sede de la Copa América en el mismo momento en el que la segunda ola de coronavirus pega de lleno en el país. 

 

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