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Con osobuco y garrón no se ganan elecciones

El presidente Alberto Fernández, en la amable conversación que mantuvo en la residencia de Olivos con el streamer Pedro Rosemblat, volvió a explayarse sobre los motivos que lo llevaron a prohibir las exportaciones de carne por 30 días. Explicó, en tono docente, que los argentinos están pagando la carne vacuna a un precio superior al que se paga en el exterior debido a la explosión de la demanda china, provocada por la liquidación de gran parte de su rodeo de cerdos debido a la peste porcina africana. Y que, dado que el sector no puede desacoplar los precios externos de los internos, no tiene otra opción que cerrar las exportaciones.

Para los productores y especialistas del negocio del ganado y de las carnes, la visión presidencial no se ajusta a la realidad. Si bien China es hoy el destino del 75% de las exportaciones de la carne vacuna argentina, los mercados externos no se llevan más que el 30% de la producción.

Los consumidores del gigante asiático no tienen la costumbre de comer asado. Cuando incorporan carne vacuna a su dieta es para preparaciones en la cacerola o la sartén, en cubos, acompañadas por vegetales. Por eso, la mayor parte de los cortes que se destinan a China se originan en lo que se llama “vaca manufactura” o vaca de descarte, es decir que está en el final de su ciclo productivo. Esto, antes de la irrupción del gigante asiático, era considerado casi un desperdicio para los frigoríficos. Según un informe del Mercado Ganadero de Rosario (Rosgan), esa demanda china permitió poner en valor “más de 50.000 toneladas de carne con hueso anuales”, que en 2020 representan unos US$116 millones.

“El resto de los mercados se abastecen de novillos intermedios a pesados”, agrega el informe. Aquí hay una complementación: los cortes de mayor valor, que se extraen del lomo y de los cuartos, se exportan a otros mercados. Para el mercado interno queda “gran parte del asado, el vacío, la paleta, el matambre y la colita de cuadril”. Estos son, precisamente, las partes que prefiere el argentino promedio.

“El consumidor argentino tiene predilección por un animal más joven, de menor kilaje, con otro tipo de engrasamiento y preferentemente terminado a grano. Es por ello que al mercado doméstico se vuelcan todo el novillito, la vaquillona, el novillo liviano y cortes del novillo pesado que no salen para exportación”, precisó el informe del Rosgan.

Si el presidente Fernández consigue que, como consecuencia de la medida que instrumentó hace poco más de una semana, lo que no se exporte vaya al mercado interno, su futuro electoral está en riesgo: no hay antecedente en la historia política argentina de que unos comicios se hayan ganado con garrón u osobuco, los cortes preferidos por China.

Pero además de esa diferencia conceptual el Gobierno omite el capítulo que le cabe a sí mismo. En las explicaciones de los funcionarios públicos lo que no se menciona es el peso de la carga tributaria en lo que pagan los consumidores.

Según un estudio de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (FADA), del promedio de un kilogramo de carne, el 28% corresponde a impuestos.

Así, productores ganaderos e industriales frigoríficos ven que son puestos nuevamente en el banquillo de los acusados mientras que el origen real del problema, la inflación generalizada, no se ataca con las medidas adecuadas. En ese contexto, se acrecienta la posibilidad de que el conflicto se mantenga durante un buen tiempo.

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