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La noche en que Lionel Messi debutó en el estadio do Dragão, el moderno y sorpresivo escenario en el que su mentor Pep Guardiola buscará ganar su tercera Champions League

Quizás aun no tiene ni la rica historia ni las dimensiones de Wembley, del Maracaná o del Azteca. Pero aun así, el Estadio do Dragão, un tapado con capacidad para 50.033 personas que fue designado sorpresivamente como sede de la final de la Champions League 2021 entre Manchester City y Chelsea, desde el mismísimo momento de su inauguración se ganó un lugar en la historia grande del fútbol. Es que, mientras el presidente Jorge Nuno Pinto da Costa colocaba la piedra fundamental para la construcción de su nuevo coliseo, el Futebol Clube do Porto también estaba llamado a ser testigo del estreno de Lionel Messi, el mejor jugador del mundo en la actualidad y para muchos el mejor de la historia.

Es que si bien Grandoli, Newell’s y Barcelona fueron clave para el desarrollo futbolístico del capitán de la selección Argentina, es verdad también que Porto fue testigo clave y, por qué no, participe de su lanzamiento. Pero antes de que todos esos factores se cruzaran, hay un contexto histórico a contar: Portugal aprovechó la organización de la Eurocopa 2004 para instalarse en una nueva era del fútbol con una infraestructura aggiornada a dichos nuevos tiempos.

La noche en que Messi debutó en el estadio do Dragão, el moderno y sorpresivo escenario en el que su mentor Pep Guardiola buscará ganar su tercera Champions League

En ese orden, el arquitecto Manuel Salgado dejó atrás el diseño circular del antiguo estadio das Antas, acercó al público al borde mismo del campo de juego y también les dio a los hinchas un techo donde refugiarse ante el clima frecuentemente adverso del norte del país.

“Este es un valor agregado de los nuevos estadios, la comodidad de poder ver un partido sin sufrir la lluvia”, valoraba el conductor de la televisión portuguesa durante la transmisión de la inauguración del Estadio do Dragão, el 16 de noviembre de 2003, mientras de esos enormes techos bajaban unos cincuenta animadores colgados de arneses y vestidos intercalados de azul y blanco. La misma mirada sobre el diseño tuvieron sus colegas Damon Lavelle, para el nuevo Estadio Da Luz, de Benfica, y Tomás Taveira, para el moderno José Alvalade de Sporting, que para su inauguración invitó en agosto de ese año al Manchester United y Alex Ferguson ordenó dejar una seña para llevarse a un diamante en bruto llamado Cristiano Ronaldo.

Porto no podía ser menos e invitó al FC Barcelona. Y para acudir a esa cita de domingo a la noche, el DT Frank Rijkaard dejó en la Ciudad Condal a Ronaldinho, Marc Overmars, Javier Saviola, Carles Puyol, Ricardo Quaresma y Patrick Kluivert, algunas de las figuras blaugranas del momento, y decidió llevar un equipo culé por demás alternativo, con varios juveniles pero con algunos históricos, como Oleguer, Rafa Márquez, Xavi, Luis Enrique y Luis García. Era un auténtico banco de pruebas que se presentaba como la oportunidad ideal para darle rodaje ese chiquilín del que todos hablaban y por el cual se había firmado un contrato en una servilleta para que quedara ligado al club.

El ingreso de Messi y la nota con Barca TV

En la semana previa, Josep Colomer, director del fútbol base del FC Barcelona entre 2003 y 2005, se comunicó con Jorge Messi advirtiéndole que existía la chance de que su hijo viajara a Portugal para al amistoso con el Porto. Jorge se jugó un pleno a que eso ocurriría y le deslizó la posibilidad a Leo, pero por las dudas le puso un asterisco: “A mí me lo dijo mi padre el jueves a la noche, que le había avisado Colomer que a lo mejor me subían y me llevaban a Oporto, pero aun no era seguro. Después le confirmó que era seguro y me avisó el jueves a la noche”, contó la Pulga por esos días.

Era aun un fútbol diferente, en el que los poderosos no estaban a años luz del resto del pelotón como en la actualidad. Es más, a veces los gigantes como el mismísimo Barcelona, eran parte del pelotón. Y para prueba de ello estaba Porto, con un plantel de jerarquía con Vítor Baía, ex Barcelona, el capitán Jorge Costa, Ricardo Carvalho, un jugador que haría cartón lleno en los equipos de Mourinho, Maniche y Pedro Mendes, entre otros. “No éramos una suma de individualidades, éramos un equipo fuerte, orientados tácticamente por un crack como José Mourinho”, recuerda Mendes, desde su casa en Guimarães, a LA NACION.

Porto, un equipo convencido por su entrenador que unos meses más tarde celebraría con euforia el hecho de que le tocara Manchester United como rival en octavos de la Champions, competía con los mejores del continente, ya que era el reciente campeón de la Copa de la UEFA y en mayo de 2004 ganaría la segunda Orejona de su historia, en Gelsenkirchen ante Mónaco. Y en medio de esa época gloriosa recibió en su nuevo estadio al equipo experimental del Barcelona.

En el campo, el local estableció lógicas diferencias como era de esperarse. El brasileño Derlei quedó en la historia por marcar el primer gol en el Estadio do Dragão, de penal a los 10 minutos del segundo tiempo y Hugo Almeida también se ganó un lugarcito en el museo marcando el tanto definitivo a los 23. Pero había un lugar más en la historia, ya que a los 74 minutos, y con el partido 2-0 a favor de Porto, salió Fernando y saltó al campo un rosarino de 16 años con tres objetivos bien claros: drenar nervios, divertirse un rato y comenzar a edificar un reinado que continúa hasta la actualidad.

A casi 18 años de aquellos pocos minutos que marcaron el estreno de la Pulga, lo recordaron ante LA NACION Pedro Mendes y Hugo Almeida, jugadores del Porto que lo enfrentaron en la inaugurción del fabuloso estadio que recibirá la final entre Manchester City y Chelsea.

“Es zurdo y dicen en Cataluña que hace acordar a Maradona”

“Va a haber un nuevo cambio en el Barcelona, va a entrar el número 14, Messi”, anunció el cronista de campo de juego. “Es zurdo y dicen en Cataluña que hace acordar a Maradona”, aportó el relator. En su primera intervención, recibió una falta de Pedro Mendes. “Recuerdo que cuando entró mostró mucha calidad y velocidad”, cuenta el volante campeón de la Champions 2004 y que también actuó en Sporting, Rangers, Portsmouth y Tottenham, quien no duda que se trató de un hecho histórico: “Messi comenzó a construir su historia en el Estadio do Dragão, lo que no deja de ser también importante para el estadio, ya que allí se mostró ante el mundo quien sería el mejor jugador de todos los tiempos”.

Si bien parece que 2003 fue anteayer, era un mundo muy diferente y todavía Messi no tenía la chance de ver mediante su celular el compacto de su debut. Faltaban aun dos años para la fundación de Youtube y mucho menos existían Twitter o Instagram para proveerle más instantaneidad al asunto. Por ello fue invitado a la isla de edición de Barça TV para repasar junto a sus padres Jorge y Celia sus principales acciones en Dragão. Allí también recordó el instante previo a su ingreso: “Cuando me dijo que salga a calentar la verdad que estaba muy nervioso pero tenía ganas de salir a jugar un ratito. Fue todo muy lindo, porque había muchos jugadores con mucha experiencia, como Luis Enrique, Xavi, Márquez. Jugar al lado de ellos fue muy bueno”.

En un campo de juego que no estaba en las mejores condiciones, Messi pudo mostrar sus intenciones en ese puñado de minutos, como recibir unos metros por delante del círculo central y encarar en tres cuartos hacia el área hasta ser derribado. En el mini duelo que tuvo con Vítor Baía, el portugués le tapó un mano a mano y en la siguiente Leo le robó una pelota y dio una asistencia que pudo haber sido gol. Ambas situaciones hubiesen hecho aun más mágico ese debut, pero nadie le quitó la felicidad de haberse estrenado ante los ojos del mundo. “Uno siempre quiere debutar y ya se me cumplió mi sueño. Espero que más adelante pueda seguir jugando en el primer equipo”, se ilusionó tras ver el compacto. Vaya si consiguió continuidad en la primera del Barça…

“Me acuerdo perfectamente, ya que fue una noche memorable para mí en la inauguración del Estadio do Dragão contra un gran equipo como el Barcelona. Fue una noche inolvidable”, recordó a LA NACION Hugo Almeida, quien marcó de cabeza el segundo gol aquella noche histórica en la que la inauguración de un gran estadio coincidió con el debut de quien tenía potencial para convertirse en el mejor jugador del mundo. “En la previa ya se venía hablando de que había un jugador prodigio que podía llegar a hacer debutar el Barcelona y cuando entró lo vi muy tranquilo”, cuenta el ex delantero que en la actualidad trabaja como comentarista de SportTV de Portugal. “A mí no me sorprendió para nada lo que logró Messi, ya que tenía una gran calidad. Lo que hizo en todos estos años no hizo más que reafirmar lo que ya se hablaba de él”, agregó, con admiración.

Pedro Mendes, otro de los que se enfrentó con Lionel Messi el día que debutó como jugador de Barcelona en Portugal

Tras 36 títulos, 920 partidos, 743 goles y seis Balones de Oro que brillan en el pozo acumulado de Lionel Messi, no quedan dudas de que el Estadio do Dragão, aun con solo 18 años de edad, no solo forma parte de la rica historia del Porto, también de la historia del fútbol mundial. “No lo podemos comparar con un Maracaná, un Wembley o un Anfield Road, porque es un estadio nuevo y no tiene edad para ser un estadio mítico, ya que aun precisa años y ser sede de algunas finales europeas, pero poco a poco está construyendo su historia”, advierte Pedro Mendes, quien además apunta que debe ser un motivo de orgullo que el Estadio do Dragão haya sido escogido como reemplazo del Olímpico Attaturk de Estambul.

Hugo Almeida, uno de los primeros en marcar a Messi en el Porto-BarcelonaReuters

“En el contexto actual de pandemia, que hayan elegido al Estadio do Dragão como sede de la final de la Champions es un motivo de orgullo no solo para el Porto sino también para Portugal. Porque esto demuestra la calidad de nuestra gente en esta lucha contra la pandemia. Quedará para la historia como el estadio elegido para ser la final en época de pandemia”, cerró Mendes.

Tras frustrarse la final en Estambul por segundo año consecutivo, Wembley sonó como el lugar ideal para albergar un duelo decisivo entre clubes ingleses y también como una motivación extra para Josep Guardiola, máximo mentor de la Pulga, ya que pudo haber cerrado un circulo donde hace diez años ganó con él y el Barcelona su última final de Champions como DT. Pero apareció un tapado, el Estadio do Dragão, y allí deberá intentarlo Pep. De lograrlo, habrá cerrado un circulo diferente, en el kilometro cero de Lionel Messi.

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