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Ciudad de San Luis: “Los escapes libres, una molestia que aqueja a toda la capital”

May 29, 2021





Una encuesta de El Diario arrojó que los vecinos de distintos barrios sufren el ruido y la falta de controles.

Es un malestar generalizado. No importa si uno vive en la zona sur de la ciudad capital o cerca de la Legislatura. O en la primera, segunda o tercera rotonda. Los autos y motos con “escapes libres”, modificados para provocar mayor ruido cuando se utilizan, son un suplicio para los vecinos, quienes aseguraron también que hay pocos controles de parte del Municipio y la Policía.

“Hay una ley que prohíbe el uso de pirotecnia porque sabemos que altera a cardíacos, autistas, animales domésticos, y está perfecto. Pero el uso de pirotecnia por lo menos en este país es por dos días festivos y no más de treinta minutos. Ahora, estos bestias andan todos los días por toda la ciudad, a toda hora, y aún no hay una legislación eficaz y puntual. Por favor, media pila, señores legisladores”, sostuvo Laura Medina Fadel.

“Jamás se ve ningún tipo de operativo en el barrio Jubilados. Siempre pasan motos y autos, pero acá no se ven ni la Policía de la Provincia ni, menos, la Municipalidad”, apuntó Carmen Bustamante. “En el barrio Félix Bogado y toda esa zona, hay descontrol a cualquier hora. Circulan toda la noche, nadie respeta nada, vale todo”, agregó Norberto Quiroga, de la zona sur de la ciudad.

“En la Plaza de la Virgen Desatanudos, los viernes y sábados es imposible dormir. Hay música y aceleradas de motos y autos con escape libre. Y en verano es todos los días”, describió Paola Irene.

Quien mejor describió el malestar que viven diariamente por los ruidos fue Alicia Godoy Schmidt, vecina de la zona de la Legislatura, en la avenida IV Centenario, frente al río San Luis. “Es insoportable vivir allí. Los autos y las motos arrancan en el semáforo de Ascasubi en dirección a la ruta 3, lo mismo los vehículos que bajan por calle Capdevila. Es exactamente igual para los que vienen del lado contrario, pues circulan a una velocidad que supera los 80 kilómetros. Tengo vidrios dobles en ventanas y puertas, he colocado también maderas, desfigurando el frente de mi casa con tal de contrarrestar esta tortura. Al medio de la noche pasan con más velocidad que nunca. No se puede descansar y te despiertan”, detalló.

Un proyecto del Municipio

Esta semana la Municipalidad envió un proyecto al Concejo Deliberante, que permitirá la destrucción por parte de las autoridades municipales de los escapes libres que incauten en los operativos. Actualmente, las ordenanzas vigentes permiten la incautación del rodado, la extracción de la parte modificada y la devolución del vehículo con la condición de que el infractor pague la multa y le coloque una pieza sin modificaciones. El secretario de Seguridad Ciudadana, Facundo García, indicó a El Diario que actualmente la gestión cuenta con entre 100 y 120 escapes libres que, si bien no son reutilizados, quedan almacenados en el área de logística y depósito del Municipio.

Según el proyecto, el juez de Faltas municipal podrá disponer de la destrucción de los escapes del depósito municipal que lleven más de 30 días alojados desde la fecha del acta de infracción, autorizando al Centro de Disposición Final (CDF) a disponer de la chatarra resultante de la destrucción.

El juez de Faltas municipal, Alejandro Ferrari, afirmó que la multa por circular con escapes libres tiene un mínimo de 5 mil pesos, pero que los conductores suelen tener otras deficiencias de documentación o hasta reinciden en la utilización de las partes modificadas y los montos se elevan de 8 mil a 10 mil pesos.

El año pasado, a pesar de la pandemia del coronavirus, entre 700 y 1.000 vehículos fueron retenidos por esta infracción.

Hay ciertos sectores de la sociedad que sufren más los ruidos que otros. “Las personas con autismo perciben hasta quince veces más intensamente los sonidos”, afirmó Ada Ortega, madre de un niño con autismo, perteneciente a TEA San Luis, una asociación que lucha por los derechos de las personas con esta condición.

“El problema es que hay que matar la rabia, no al perro, hay que prohibir la producción de escapes libres, porque no tiene ningún beneficio para nadie. No es de uso imprescindible, como tampoco lo es la música a todo volumen de los amplificadores. Además, es gente que cuenta con fondos para volver a comprar un escape o amplificadores que molestan”, propuso la madre, como posible solución.

Una ordenanza de casi 3 décadas

Hay que remontarse casi tres décadas atrás para encontrar la última ordenanza vigente que regula los ruidos molestos en la ciudad. Aprobada el 3 de junio de 1993, la 2495 establece los decibeles máximos permitidos para vehículos y actividades dentro del ejido municipal, como parte de toda una batería de normas que conciernen al cuidado del medioambiente de la capital.

En su capítulo VII, de los artículos 76 al 83, hace un desglose de los límites, actividades y circunstancias en las que pueden emitirse o no ruidos. Aquí ya incluye dentro de las prohibiciones a los vehículos “desprovistos de silenciador de escape”, pero también refiere al uso de bocinas de tonos múltiples, la publicidad “a viva voz” y hasta la prohibición de las 22 a las 6 del armado de tarimas, cercas y quioscos. También detalla que la pirotecnia solo podrá usarse con autorización previa.

En cuanto al máximo de decibeles permitidos para los vehículos, la ordenanza indica que los topes van de los 75 a los 89 decibeles, de acuerdo al tamaño del rodado. El máximo de 75, por ejemplo, aplica a las motos livianas de 50cc de cilindrada, mientras que el límite de 89 es para autos de más de 3,5 toneladas de tara.

A su vez, la norma establece los niveles máximos permitidos, de día y de noche, de los decibeles que pueden provocar las actividades comerciales, culturales, deportivas e industriales, de acuerdo a si se realizan en una zona hospitalaria, de vivienda, mixta (comercial y viviendas) o industrial.

Sobre este último punto, el año pasado el Municipio empezó un trabajo para actualizar la ordenanza y revisar los niveles permitidos de las actividades comerciales, por solicitud de bares y restaurantes de la ciudad que se ven perjudicados, dado que en los controles siempre aparecen en falta. Para esto, la Comuna trabaja con la UNSL y profesionales de higiene y seguridad en delimitar “un mapa de ruido”.


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