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Copa América: del optimismo por Argentina a quedarse sin sede en 72 horas

La Copa América está en el aire. La Conmebol pasó del jueves luego de una reunión en Olivos con el presidente Alberto Fernández a ver por televisión cómo el ministro del Interior Wado De Pedro evaluaba como “muy difícil” la realización de la competencia en territorio nacional. Todo, en 72 horas. La explicación está en los indicadores sanitarios y en las luchas políticas: en el propio Frente de Todos y con la oposición.

El sábado a la noche, un tuit de Gonzalo Belloso, secretario general adjunto de la Conmebol, agitó la tensa calma que rodeaba a las conversaciones para organizar la Copa América en la Argentina. El Pejerrey subió al ring a Mauricio Macri, el ex presidente argentino que en una entrevista con Juana Viale había tildado de “incoherente” al gobierno argentino por querer organizar el torneo continental en medio de las restricciones por la pandemia del coronavirus.

La Conmebol leyó el mensaje. El jueves, cuando se vio cara a cara con Alberto Fernández en la Quinta de Olivos, la idea de que todos los partidos se disputaran en territorio argentino era viable. “Fue un encuentro súper profesional, en el que de ambos lados aportamos cosas”, señalaron desde la confederación. “Somos muy optimistas”, añadieron. Gobierno y Conmebol se dieron 48 horas para resolver protocolos y que las autoridades sanitarias argentinas evaluaran si la organización encarnaba un riesgo epidemiológico para la población o no.

El torneo de selecciones más antiguo del mundo ya era una cuestión política. Se multiplicaban las voces opositoras en medio de la emergencia sanitaria, al tiempo que la Conmebol obligaba a todos los seleccionados a inocularse con “al menos” una dosis de la vacuna contra el coronavirus para poder disputar la competencia. Era un requisito del gobierno argentino.

En simultáneo, desde Paraguay se mostraron dispuestos a minimizar la circulación de personas durante el desarrollo del torneo. Eso implicaba menos acreditaciones de prensa, menos empleados de operaciones en los estadios. Menos traslados. A esa altura, la ecuación económica de la copa ya había pasado a un plano secundario: “Sabemos que vamos a perder dinero desde el momento en que hay una pandemia, pero queremos que se juegue y que los equipos lleguen con rodaje y con competencia al Mundial de Qatar”, explicaron desde la Conmebol.

La campaña de vacunación fue uno de los requisitos que el gobierno nacional puso para que se juegue la Copa América en el país; pese a las gestiones de la Conmebol, los tiempos se acortaron y las posibilidades se esfumaronArchivo – adhoc

El viernes, la Argentina seguía siendo la primera opción para hospedar el torneo. Tanto, que varios estadios fueron inspeccionados para ver si estaban en condiciones. Había hasta un croquis de sedes: Monumental y Bombonera en la Capital Federal, Uno (estadio de Estudiantes) o Único en La Plata, Madre de Ciudades (Santiago del Estero), Malvinas Argentinas (Mendoza) y Mario Alberto Kempes (Córdoba).

El sábado se cumplieron las 48 horas que había pedido el gobierno argentino para decidirse. Los contagios seguían altos y la pandemia del coronavirus se mantenía como la principal preocupación, tanto del gobierno como de los argentinos, en sintonía con la campaña de vacunación. Parte de la opinión pública se preguntaba: “¿Escuelas no y Copa América sí?”. La disyuntiva inundaba las redes sociales, con críticas de la oposición en la voz de Patricia Bullrich, primero, y de Mauricio Macri, después.

El escenario atizó al ala del gobierno que nunca quiso el torneo por su riesgo sanitario: el kirchnerismo duro. Los funcionarios más importantes que creían posible la Copa América en territorio argentino fueron Matías Lammens (ministro de Turismo y Deporte), Santiago Cafiero (jefe de Gabinete) y Alberto Fernández (presidente). Sabían desde el comienzo de las negociaciones que había resistencia incluso dentro de la coalición gobernante.

El domingo, tras ese tuit que cuestionó a Macri y, por elevación, a Gianni Infantino (quien contrató al expresidente argentino como directivo de la Fundación FIFA), se sucedieron las reuniones. La AFA pudo haber jugado alguna carta, pero el presidente Claudio Tapia estuvo toda la tarde en la burbuja de Ezeiza, con el seleccionado mayor. El gobierno pidió tiempo para tomar una decisión final, que parecía cantada. Por la mañana, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, dijo al llegar a Buenos Aires de su gira por México y Cuba que la Copa América “no estaba confirmada al 100%”. En Paraguay, la Conmebol ya trabajaba en planes alternativos: nunca dejó de inspeccionar canchas en Chile.

Al caer la noche, otro ministro encendió la alarma definitiva. Como se preveía, fue un hombre cercano a Cristina Fernández de Kirchner el encargado de dar a entender la decisión del gobierno argentino. Wado De Pedro, ministro del Interior, calificó en C5N de “muy difícil” la posibilidad de que la Copa América se jugara en la Argentina. Eran las 22.29. Once minutos después, a las 22.40, un tuit de la Conmebol informó que Argentina ya no organizaría la competencia. Y que evaluarían las demás ofertas para organizar el torneo.

El gobierno pretendía hacer un anuncio oficial hoy lunes. E incluso pretendió encauzar el contacto con la Conmebol mediante algunos llamados al presidente Alejandro Domínguez. No hubo caso. Hoy a las 10 de la mañana (9 de Asunción) los diez países sudamericanos resolverán si la Copa América se juega. Y, sobre todo, dónde. Todo, a 12 días de su comienzo. Y en medio de una pandemia de coronavirus que azota a todos los países del continente.

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