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Los secretos ocultos de Da Vinci: un maestro que se citaba a sí mismo

Su talento como pintor se contaba entre las numerosas habilidades que Lorenzo de Médici mencionó en la carta de recomendación enviada al duque de Milán, Ludovico Sforza. A las órdenes de este último a fines del siglo XV en Milán, la ingeniería fue la principal ocupación de Leonardo da Vinci“>Leonardo da Vinci: entre otras cosas, realizó estudios estructurales para la catedral de Milán y diseñó planos de ciudades ideales. Sin embargo, también pintó en el convento de Santa Maria delle Grazie una de sus obras más famosas, La última cena“>La última cena, y realizó retratos como el de Cecilia Gallerani, la amante favorita de su nuevo mecenas.

Detalle de La dama del armiño (1489-90)Gentileza Christies

Inteligente, culta y hermosa, esta última posó para el gran maestro del Renacimiento catorce años antes de que lo hiciera Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo. En la boca de Cecilia, recreada por Leonardo, ya se percibe algo de la enigmática sonrisa que convertiría a la Mona Lisa -o “Gioconda”- en la mujer más famosa del mundo.

Cuando se sentó ante su retratista, Gallerani no llevaba en brazos el animal con el que comparte protagonismo en La dama del armiño (1489-90), actualmente exhibido en el Museo Nacional de Cracovia. “El animal está representado más grande que los armiños en realidad, y con rasgos sutilmente alterados. Fue agregado debido a su valor simbólico”, observa el crítico Alastair Smart en la página de Christie’s, donde atribuye su inspiración a un dibujo de Da Vinci realizado años antes por Da Vinci en Florencia, y convertido ahora en el más caro de su legado.

Es cierto que la Cabeza de oso de 7 x 7 centímetros, realizada en un cuaderno de bocetos hace unos 540 años y subastada semanas atrás por 12,1 millones de dólares, comparte con el armiño la dirección de la mirada, la estructura del cráneo, los ojos pequeños y redondos, la nariz puntiaguda y el hocico cilíndrico. Pero, ¿por qué apelar al propio archivo para incluir en la obra un animal ausente?

Detalle de las cabezas de los animales creados por Da VinciGentileza Christies

En el Renacimiento, explica Smart, el armiño “era famoso por su pelaje blanco puro, por lo que llegó a ser considerado como un símbolo de pureza. Sforza, para quien se pintó el retrato, presumiblemente aprobó la asociación de su amante con la pureza”. Aunque parece haber algo más, según este experto. “Leonardo también estaba haciendo un juego de palabras: los armiños son parte de la familia de las comadrejas –señala-, y el nombre Gallerani comparte la misma raíz que la palabra griega para comadreja: galé”. Qué habrá querido decir, seguirá siendo un secreto.

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