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El 11 de septiembre, grupos de la izquierda chilena marcharon en repudio del aniversario del golpe orquestado por la Junta Militar liderada por el general Augusto Pinochet, que terminó con el gobierno de Salvador Allende.

Las protestas se iniciaron a las 10 de la mañana del sábado, con la participación de la nueva alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, una de las referentes del “nuevo comunismo” chileno que aspira a lograr instalar presidente en La Moneda (equivalente a la Casa Rosada Argentina en el país transandino), pero que se divide en sus internas agrietando su fuerza de cara a las urnas.

Favorito

El máximo referente del espacio para las elecciones del 21 de noviembre es Gabriel Boric, catalogado como un moderado de la izquierda universitaria y pudiente al que se acusa de no ser lo suficientemente antiimperialista.

“Boric no es de izquierda, para nosotros es un burgués liberal”, disparó Eduardo Artés, el candidato presidencial de UP, que aseguró que no le entregaría su apoyo en caso de no pasar a segunda vuelta (prevista para el 19 de diciembre), a menos que Boric asuma ciertos compromisos como iniciar un proceso de recuperación de los recursos naturales, y una nueva legislación para el país.

“Para nosotros no existe modelo. Y siempre las libertades individuales deben estar en íntima relación con la libertad del país y las colectivas. Un ejemplo es el COVID-19: no podemos tolerar las actitudes negacionistas de los que ponen en riesgo la salud colectiva de la sociedad, porque lo que importa es el bien común, que da paso al bien individual”, agregó Artés, en contra de la línea libertaria que tiene fuertes ecos en Chile como en Argentina y que también potencia sus candidatos en el otro extremo del arco político.

Divisiones

La posible fractura total de la izquierda chilena, que tuvo una exitosa elección este año en las constituyentes (el 15 y 16 de mayo), abre la posibilidad de que la carta de la derecha nacional, Sebastián Sichel, avance a la segunda vuelta más fácilmente.

La dispersión de la izquierda chilena se inició cuando la senadora Yasna Provoste ganó la consulta ciudadana de la centro izquierda con el 62,2% de las preferencias, confirmando su participación en la primera vuelta presidencial.

Provoste y Boric dividen al espacio para competir contra Sichel, candidato ungido por el presidente Sebastián Piñera como la mejor opción para sucederlo en el poder. “De Sichel lo que el país puede esperar es nada distinto a lo que hoy le ofrece el Gobierno de Piñera, son lo mismo: con las mismas ideas, redactadas de otra forma tal vez”, marcó Provoste al ganar la consulta ciudadana.

Pero no es la única opción de la izquierda atomizada: el ex parlamentario y cineasta franco-chileno, Marco Enríquez Ominami, sumaría su tercera candidatura a la carrera presidencial.

“Yo creo en la unidad de la oposición, Enríquez le quita a todos un poquito. Esto genera una facilidad inmerecida para la derecha en nuestro país”, opinó Provoste, que descartó bajar su candidatura y convencida de que podría llegar a la segunda ronda con Boric.

“Lo que está buscando Enríquez es un mejor pie de negociación”, apuntó el analista político chileno, Marco Moreno. Sin embargo, la inscripción de Enríquez a último momento solo sería la punta del iceberg de la dispersión de la izquierda chilena.

Negociaciones

“Acá está la izquierda verdadera, la izquierda que siempre ha estado en la calle, señalando que la lucha de Allende, la lucha de Recabarren, de los trabajadores y trabajadoras no ha sido en vano, es la nuestra”, repitió Artés al lanzar su candidatura.

“Esta candidatura busca representar al Chile profundo, olvidado y excluido, que nunca ha tenido la posibilidad de hablar por sí mismo, porque siempre ha sido interpretado por partidos políticos, que hablan en nombre del pobre y el pueblo, pero no quieren que el pobre y el pueblo entre al debate presidencial”, agregó, en una apuesta similar a la de Pedro Castillo, el presidente peruano que llegó a la Casa de Pizarro, sede del poder ejecutivo, desde su bestión de Chota y como abanderado de los sectores agrarios.

Contra todos ellos, Sichel representa a una derecha más moderada que la que encarnaba Keiko Fujimori en Perú, que terminó inclinando la balanza en favor de un outsider que no estaba en los planes por no recaer en la vieja política que hoy sufre golpes en las urnas en toda la región.

Sin embargo, algunas declaraciones de la última semana en las que Sichel cruzó a Boric, han mostrado que quizás su centrismo sea solo una fachada: hoy el candidato busca rearmarse con su equipo de campaña para hacer control de daños.

“La estrategia de Sichel tiene que ser apuntar a la confrontación con Boric, lo hemos visto en la última semana. A Provoste no la nombra”, explicó el periodista político Nicolás Freire. Y agregó: “Boric es el rival a vencer, y quien marcha primero en las encuestas. Quienes tienen que jugar una segunda vuelta son Provoste y Sichel. Y mientras a Boric la polarización con Sichel le sirve, la lucha en el frente interno lo debilita”.

Un escenario dividido y una segunda vuelta próxima al cierre de año, hace temer por un clima de violencia social como el que potenció los estallidos de hace dos años.

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