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Malba cumple 20 años como actor central de la vida cultural argentina y de las artes visuales latinoamericanas

Los museos nacen para perdurar. Atraviesan guerras y revoluciones, ven pasar la historia. Ser testigos del nacimiento de un museo nuevo, es cosa excepcional. Por eso, muchos periodistas culturales guardamos, fresco, el recuerdo de la construcción del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. El anuncio de un concurso que dio con el proyecto ganador para elevar, en la plaza República del Perú, el edificio del Malba. Inaugurado a contracorriente: el 21 de septiembre de 2001, el año en que vivimos en peligro.

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Pero, como dijo Silvia Hopenhayn en el acto aniversario, que se cumple hoy, es tiempo de refutar a Alfredo Le Pera y Carlos Gardel con aquello de que veinte años no es nada. Basta repasar los hitos de esta institución porteña para entender que es mucho. En veinte años, pasaron muchas cosas. Las suficientes como para hacer de Malba un actor vibrante de la cultura argentina. Un ente que agitó e intervino la vida porteña de manera memorable y un protagonista indiscutible en el mapa de las artes visuales latinoamericanas.

Las exposiciones multitudinarias rompieron las barreras del edifico y alrededores, por citar algunas de esas agitaciones. Liminal, de Leandro Erlich, llevó 225.000 personas, pero además descabezó el Obelisco, para insertar su cúpula en la explanada del museo. Dream Come True, retrospectiva de Yoko Ono, vendió 153.600 entradas, pero además se mezcló en la vía pública, con carteles gigantes que invitaban a soñar. Los lunares de la japonesa Yayoi Kusama, en 2013, generaron largas filas durante meses, hicieron estallar las redes sociales y convocaron a 216.000 personas. Y brillaron las retrospectivas de Andy Warhol, del fotógrafo del glamour Mario Testino, de las esculturas pop de Jeff Koons, por seguir citando algunas.

Como institución cultural, Malba se expandió hacia las áreas de literatura y cine, que sumaron grandes eventos a esa trayectoria. Y así, un espacio nacido de una colección privada, la de Eduardo Costantini, fue reconfirmando su vocación pública. Una colección que puede verse en la sala permanente e incluye tesoros de Frida Kahlo, Diego Rivera, Antonio Berni, Xul Solar, Petorutti, De la Vega o Torres García.

La galería de arte latinoamericano del Malba (Foto: prensa).

Pero el proyecto de un museo público trasciende la idea de albergar una colección, por vistosa que sea. Fundado por la voluntad de un privado, Malba creció como una institución pública no estatal, desde la misma concepción del edificio. Nacido con la visión de erigirse en institución pública que vibre en su vínculo con la ciudad, es hoy un espacio vital, visitado por escuelas de todos los barrios, querido por todos.

En diálogo con TN.com.ar, Costantini remarca la importancia de despersonalizar la institución para que se mantenga en el tiempo: “Si vos hacés un museo que después muere con vos, se cayó el proyecto. Un museo es esencial para que perdure a través de los siglos”.

Ese rol ganado fue destacado por todos en el acto aniversario. Que fue plural: el ministro de Cultura Tristán Bauer, Horacio Rodríguez Larreta —que recordó públicamente a Costantini el proyecto pendiente de una sucursal en el Barrio 31—, el ministro de Cultura uruguayo, Da Silveira, y el propio Costantini, que dio una graciosa crónica de estos veinte años mezclando lo personal con lo general.

Una muestra de Andy Warhol (Foto: prensa).

En ese sentido, el fundador del Malba aclara en una entrevista con este medio que el museo no tiene ideología: “El Malba nunca se metió en política. No es lo suyo. Nosotros interactuamos con proyectos del gobierno nacional y también de la Ciudad. La agenda refiere a lo cultural e institucional. Pasamos muchos presidentes, jefes de Gobierno y ministros. Nosotros no vamos por ahí”.

Además, en este contexto convulsionado por los resultados de las PASO 2021, Costantini aseguró: “La Argentina se tiene que reencontrar. La única forma es a través de la democracia, que el pueblo se manifieste y que la dirigencia política interprete el pedido de la población”.

Los veinte años del Malba se celebran con dos regalos que vale invitar a conocer. La adquisición de una preciosa obra pop de Carlos Di Stefano, Cabalgata (1966). En colores vibrantes (rosa, naranja, verde), está armada con tres partes tridimensionales en poliéster y muestra la cabalgata de un grupo de cerdos hacia una casa suburbana invertida. Surge, contó el autor, de su experiencia criándose en la granja de sus padres, en Tapiales donde faenaban cerdos.

La instalación de la piscina de Leandro Erlich fue furor en las redes sociales (Foto: prensa).

El otro regalo es la extraordinaria exposición del uruguayo Rafael Barradas, un trabajo realizado junto al Museo de Artes Visuales de Montevideo y curada por uruguayo Enrique Aguerre. Se llama Hombre flecha y reúne más de 130 obras, entre óleos y acuarelas. Considerado una figura central del anticipo de las vanguardias, de vínculo con Torres García, la obra de Barradas se desarrolló entre el Uruguay y España, donde tuvo relación con García Lorca, Dalí, Buñuel o Gómez de la Serna. Cuando murió en Montevideo, en 1929, tenía solo 39 años.

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