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La Argentina y Chile buscan bajar la tensión por la frontera y la cuestión mapuche

Luego de varios meses de cruces y desencuentros diplomáticos, que incluyeron desacuerdos por la delimitación de mapas en el extremo sur del continente y también por el manejo de la crisis por las reivindicaciones y atentados de activistas relacionados con la causa mapuche, los cancilleres de la Argentina y Chile, Santiago Cafiero y Andrés Allamand, buscan encarrilar la relación bilateral.

Los dos cancilleres publican en Clarín una columna de opinión firmada en conjunto, titulada “Argentina y Chile, una profunda hermandad”, en la que reseñan los puntos de historia en común entre los dos países. La columna también fue publicada en simultáneo por el diario El Mercurio, el diario de referencia de Santiago.

“Chile y la Argentina comparten lazos de fraternidad desde sus orígenes como repúblicas, en los albores del siglo XIX”, comienza el texto, que reseña varios hitos de la relación, entre ellos el Tratado de Paz y Amistad de 1984.

“Desde entonces la Argentina y Chile consolidaron un proceso de integración sin precedentes. Pasamos de garantizar la convivencia a ejercer una voluntad sostenida de configurar una relación de naturaleza estratégica”, recuerdan en conjunto los cancilleres.

Apelando a ese contexto, los ministros de Relaciones Exteriores de Sebastián Piñera y Alberto Fernández aclaran que “es importante señalar que cualquier controversia que pudiere existir entre uno y otro país debe ser solucionada en el marco del diálogo y la solución pacífica de las controversias, tal como lo dispuso, justamente, el Tratado de Paz y Amistad de 1984”.

“Ninguna desavenencia ocasional puede alterar la amistad profunda entre nuestros países: se apoya en un macizo entramado que fuimos construyendo paso a paso durante décadas. Ese entramado es la garantía de nuestra relación futura en beneficio de nuestros pueblos”, aseguran los dos funcionarios.

En los últimos meses, aunque no son mencionadas en la columna de opinión, se produjeron notorios ejemplos de esas desaveniencias.

En agosto de este año, Piñera emitió dos decretos referidos a un conflicto territorial que transcurre en los mares australes, y que para Chile tiene alta resonancia nacional.

Allí, el presidente chileno el presidente estableció unas normas que fijan la plataforma continental de su país a partir de las 200 millas náuticas desde las islas Diego Ramírez, al sur del Cabo de Hornos.

El decreto de Piñera hizo que la plataforma continental chilena se superponga en partes a la que extendió la Argentina por un pedido que le hizo a las Naciones Unidas en 2009, y que el gobierno de Alberto Fernández hizo ley y hasta plasmó en los mapas oficiales de la República en 2020.

Frente a ese texto, el gobierno argentino consideró el decreto de Piñera como “no aceptable” y dijo que se quiere “apropiar” de partes de la plataforma argentina.

No fue el único diferendo. El mes pasado, el embajador argentino en Santiago, Rafael Bielsa, provocó la ira vecina por su aparición en una audiencia en defensa del líder de la Resistencia Ancestral Mapuche, Facundo Jones Huala, que cumple prisión allí por varios ilícitos.

La cuestión mapuche lleva varios meses enfrentando a los dos gobiernos. Incluso, generó una visita reservada de funcionarios chilenos del área de seguridad para pedirle al ministro Aníbal Fernández que se monitoree en forma conjunta la frontera entre los dos países para evitar la circulación de personas relacionadas con actos de violencia a través de la cordillera, sin pasar por los pasos habilitados.

Poco después del cruce por Jones Huala, Bielsa calificó a José Antonio Kast, ganador de las elecciones presidenciales chilenas, como “antiargentino” y “xenófobo”.

Esa declaración también generó la queja de los funcionarios de Piñera frente al gobierno argentino, que dijo que fueron opiniones personales.

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