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Marcelo Gallardo se queda en River y, aunque parezca extraño, todo el fútbol argentino lo debe celebrar

Marcelo Gallardo sigue. Los hinchas de River celebran a lo grande. Los demás, y no solo los de Boca, lo sufren. Sin embargo, aunque parezca un razonamiento esquizofrénico, todo el fútbol argentino lo debe celebrar. Los siete y medio que ya cumplió como DT del club de Núñez y el año, mínimo, que se viene marcan la continuidad de un proyecto integral que debería ser tomado y replicado por el resto de los clubes. Se trata de un cachetazo a todos aquellos que viven presos de las urgencias y que ponen los resultados, irremediablemente malos, por encima de todo.

Es cierto. Los resultados son los que le permitieron a Gallardo ser el propietario de cada una de las llaves del Monumental. Dirigió 369 partidos con 196 triunfos -sólo superado por Ángel Labruna y José María Minella-, 100 empates y apenas 73 derrotas. Sus equipos, porque construyó más de uno en todo este tiempo, metieron 644 goles y recibieron sólo 324. Todos esos números lo llevaron a ser el entrenador más ganador de la historia de River con 13 títulos, con dos Copas Libertadores como los trofeos más preciados. Además, en su ciclo, se impuso en cinco de los siete duelos mano a mano que tuvo con Boca, más allá de que la paternidad azul y oro siguen en pie, con la final de Madrid incluida.

Pero Gallardo trasciende largamente a los resultados. Gallardo no es un simple director técnico. Más allá de los dirigentes y de la presencia de Enzo Francescoli como mánager, el Muñeco es una especie de CEO de River que está encima de todos los detalles. A la altura de los mejores del mundo y de la historia del fútbol.

Gallardo y sus hijos tras la consagración en la Liga Profesional.

Y eso que permite que el club no sólo festeje por los triunfos que consigue en la cancha. Por culpa de Gallardo, River fortaleció esos cimientos que tambalearon con el descenso a la Primera B Nacional luego de la caótica gestión de Daniel Passarella como presidente. Decía José María Aguilar, antecesor del Kaiser, que estaban en Aruba. Era el infierno y no alcanzaba con todos los bomberos del mundo para apagar ese incendio.

Sin embargo, cuando el escenario era devastador, el club pasó de la noche al día de la mano del Muñeco, más allá de algunos números en rojo en las finanzas del club producto de la inestable macroeconomía -maniatada por la inflación y el dólar sin techo- y de algunas apuestas dirigenciales y del propio entrenador. Porque, claro, también se equivocó. Pero fueron muchísimos más los aciertos que los errores.

Por su insistencia, el predio de entrenamiento de Ezeiza está al nivel de los predios de los mejores clubes del mundo.

Estatua viviente. Marcelo Gallardo. Foto: Maxi Failla

Por su insistencia, el campo de juego del Monumental le saca años luz de distancia a los demás y logró que Lionel Messi y sus compañeros de la Selección desearan jugar siempre en ese escenario.

Por su insistencia, más allá de algunas contrataciones que no resultaron, River tiene hoy un plantel que no sólo le permitió ganar por primera vez la liga local, sino que también cuenta con un potencial enorme, con juveniles que él mismo supervisó junto a su cuerpo técnico y que serán vendidos por millones de dólares -con Julián Álvarez a la cabeza. y que alimentarán ese circulo virtuoso que es la envidia de los demás.

D’Onofrio y Gallardo firman la primera renovación en 2015. (Foto: Diego Haliasz / Prensa River)

Mientras el resto de los grandes y de la mayoría de los chicos se hunden en el lodo de la confusión y cambian de técnicos y de proyectos como si fueran productos descartables. Mientras siguen atrapados en loop en las urgencias cortoplacistas, las miserias dirigenciales y las polémicas estériles, River se transformó en un ejemplo a seguir.

El gigante que se desmoronó hace poco más de diez años es el rey indiscutido del fútbol nacional y el más respetado a nivel internacional. Puede sonar antipático porque los colores suelen nublar la razón. Pero Gallardo no sólo le hizo bien a River. Gallardo es el principal cultor de un modelo que debería ser imitado, en distintas escalas, por cada uno de los clubes de la Argentina, sin importar la historia ni la categoría.

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