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Pareja de fuego: el amor que nació el día más caluroso de la historia de la Ciudad

El día que María y Eduardo se conocieron quedó registrado en la historia de los récords. Mientras aquel 29 de enero de 1957 el termómetro marcaba 43,3°, a orillas del Río de La Plata en los antiguos recreos de Vicente López , ambos cruzaron miradas que durarían por siempre. A él le flechó la sonrisa de ella, quien a su vez quedó maravillada con los ojos celestes del caballero que tenía enfrente. Mientras el calor derretía el ambiente, nada pudo hacer con esos dos corazones que hervían.

En un día en donde la Ciudad registró un pico de 41,5 grados, el recuerdo de María, que hoy tiene 84, la lleva a viajar 65 años atrás. El día más caluroso de la historia es para ella el día en que conoció al amor de su vida.

Tenía 19 años, con su familia habían escapado de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial desde el pueblito de Nola, en Nápoles, Italia. Su mamá, miedosa, nunca la dejaba salir sola. Pero ese día, el infierno en que se había transformado la Ciudad provocó el milagro. Gracias a la insistencia de una amiga del barrio de Boedo -donde vivían- la dejó ir a pasar el día a las playas del conurbano bonaerense.

Después de una jornada en la que la única forma de batallar contra el calor era con un chapuzón en el río, llegó el momento del baile. María no recuerda con exactitud qué canciones se escuchaban por aquella época, pero sí puede sentir todavía ese calor abrasador.

La imagen de María y Eduardo, el día que comenzó su historia de amor.

Para la hora de la merienda los parlantes se encendieron y la música le dio lugar al encare. Lejos de las aplicaciones de citas, la forma de conectar entre hombres y mujeres era con el “cabeceo”. Ese suave movimiento con la cabeza acompañado de la mirada que usaban los hombres (y todavía se utiliza en algunas milongas) para invitar a la pista a las mujeres.

Allí estaba Eduardo de un lado de esa ronda cuando con sus ojos claros la divisó a María. Un francotirador del amor. Apuntó, ajustó la mira y le cabeceó. Del otro lado no hizo falta mucho más que dibujar una sonrisa. Era un “match” de estos tiempos o un “Alcoyana Alcoyana”, para aquellos.

Él se acercó y ella lo recibió espléndida, con el pelo todavía húmedo. Hablaron, intercambiaron nombres, charlaron sobre el intenso calor y bailaron. Hasta que uno de los primos de Eduardo le dijo que se tenían que volver para su casa. Él giró y le dijo a ella: “Si vos te quedás un rato más, yo me quedo”. María sonrió por segunda vez y le respondió que sí. El termómetro a esa altura ya no importaba.

Aquello fue el inicio de una relación que duró 58 años. Que incluyó dos hijos y cuatro nietos. Y que finalizó cuando un día de otoño del 2015 el cuerpo de Eduardo le dijo no va más a una enfermedad que se lo llevó.

Por eso ahora María, sentada en su cocina mientras mira un programa de entretenimientos en la RAI (el canal de televisión de Italia), viaja al pasado con su memoria y se retrotrae en aquellos ojos celestes que la cautivaron a orillas del Río de La Plata. Y entonces por arte de magia el calor desaparece y todo se transforma en una suave brisa de verano.

LM

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