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miércoles, julio 6, 2022

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Alberto Fernández descarta armar una mesa de decisiones con los K y se mantiene la tensión con Cristina Kirchner

Escucho a todos siempre, pero el que decide soy yo“. Alberto Fernández no duda cada vez que le reclaman que arme una mesa de decisiones del Frente de Todos, un pedido que volvió a resonar con fuerza en las últimas horas pero que no es nuevo y que, en medio de la feroz interna con la vicepresidenta, Cristina Kirchner; no tiene posibilidad de avanzar. Es que cerca del Presidente sostienen que “ya hay varias instancias de diálogo” abiertas y que “no cree” en una conducción colegiada: “Cuando hay un tema delicado para algún sector de la coalición, le pide al ministro (del área) que consulte antes”, argumentan. 

Como contó Clarín semanas atrás, en medio de la gira por Europa el Presidente sentó posición ante una propuesta que le hizo el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, de abrir una convocatoria al diálogo con los referentes frentetodistas. La presión, sin embargo, no se detiene. Es un reclamo compartido por dirigentes de todos los sectores. Insisten para tener mayor influencia en el rumbo del Gobierno: desde el Congreso, el kirchnerismo duro y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, dejan saber cada vez con mayor frecuencia sus diferencias y agitan propuestas que no van en la misma sintonía que lo que impulsa la Casa Rosada. Pero también gobernadores e intendentes que, con matices, han hecho llegar la sugerencia a Fernández. 

Sin embargo, cerca del Presidente advierten que hay dirigentes que en off the record hacen ese planteo pero que en otras ocasiones “especulan” y toman distancia de la gestión. “No se puede estar en los dos lados del mostrador, cuando te suma mostrarte y cuando es un tema antipático, te escondés. Hay que bancar al Gobierno y al Presidente siempre“, reprochan. 

La reflexión viene a propósito de la insistencia para que haya una convocatoria formal. “No lo va a hacer. Es impracticable. ¿Convoca a Cristina, a Massa y deja afuera al resto de los sectores? ¿Quién decide quién se sienta y quién no? ¿Deciden todo en esa mesa o sólo algunas cosas? La gestión no puede esperar”, razonan.

En España, durante la gira, Fernández mostró su preocupación al respecto. “El debate no me preocupa, me preocupa la obstrucción al Gobierno. A veces las voces se vuelven tan altisonantes que no dejan ver la realidad”, dijo al diario El País.

Por otra parte, sobre el “debate de ideas” que Cristina reconoció tener con el Presidente, hay discrepancias en la Casa Rosada. Para Fernández, fue un acierto rotundo haber acordado con el Fondo Monetario Internacional en enero. “¿Se imaginan lo que sería una Argentina después de la pandemia y en default con esta crisis mundial por la guerra (en Ucrania)?”, interpela al que le cuestiona haber hecho concesiones en la negociación. “El tiempo me va a dar la razón“, sostiene.

Pero el listado de reclamos K es más amplio. Mientras en el Gobierno advierten que ya hay una recuperación del poder adquisitivo pero admiten que por la herencia recibida de Mauricio Macri “no alcanza” los niveles de 2015, para el kirchnerismo esa tarea es una cuenta pendiente y eje clave que llevó a Cristina a reconocer que el FDT “no le está haciendo honor a tanta confianza y esperanza que la gente depositó” en 2019. 

Algo parecido ocurre en torno al combate de la inflación. En Balcarce 50 atribuyen la escalada de precios al contexto internacional, mientras que el kirchnerismo apunta a la falta de una estrategia macro y responsabiliza a Martín Guzmán (Economía) y Matías Kulfas (Desarrollo Productivo) por una supuesta pasividad ante el accionar de los empresarios. 

Más allá del reclamo de una mesa de decisiones, precisamente la continuidad de ambos ministros es para muchos la diferencia insalvable entre el Presidente y Cristina, que ya llevan tres meses sin hablarse. A diferencia de las señales que dio el mandatario en los primeros dos años, hoy no luce dispuesto a dar el brazo a torcer y, por el contrario, busca empoderar a sus funcionarios. “Si quieren que se arme una mesa para decirle a quién tiene que echar, se equivocan“, dispara una voz albertista que -jura- trabaja “para la unidad” pero que, concluye, cada vez parece estar más lejos: “Está todo roto, dinamitado, no hay forma de que se arreglen”. 

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