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lunes, febrero 6, 2023

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Sequía, incendios y mortandad de peces: hasta dónde llegará el impacto de las altas temperaturas

Parece una negación de lo obvio. De lo que se siente en el cuerpo. Pero esta semana no estamos en una ola de calor en toda la Argentina. Ni siquiera en Buenos Aires, donde este martes los 34° no se hicieron desear. Hasta ahora solo afecta el norte de Entre Ríos, el sur de Corrientes y parte de Salta, Formosa y Chaco.

Más allá de un sol de enero que pega tan fuerte en la piel y en la app de clima del celular, la condición meteorológica exacta para que se dé este fenómeno implica superar umbrales de temperatura mínima y máxima durante tres días seguidos. Un piso que es de 22°C y un techo de 32.3°. 

En la Ciudad y la Provincia, por ejemplo, el domingo se alcanzaron los 32°5 pero la mínima fue de 19.4°; el lunes escaló a 35.4° y la temperatura más baja fue de 21°. El martes, en cambio, la máxima esperada sí ardió y también la mínima: 23°. Fue un único día, entonces, atravesando umbrales. No hubo, por ahora, ola de calor.

Para los próximos días  se esperan temperaturas entre los 30°C y 35°C en la Ciudad y entre los 27°C y los 29° en la costa atlántica.

La sequía y el calor también provocan una crisis hídrica y la bajante de ríos y lagunas. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Pero no se puede tapar el sol con la mano. Habitamos un planeta cada vez más caliente.

Desde el comienzo del verano en el país se registra un fenómeno inusual con el clima para esta época. Y hubo varios episodios de “saltos” de calor, con récords que rompieron umbrales tras seis décadas. 

Eso se siente desde noviembre en la temperatura de localidades tanto del norte como del sur, que están 1°C arriba del promedio. 

También se percibe el resto de las consecuencias del cambio climático, que ya se avisoran hoy en el país, sin la necesidad de esperar peores finales, de acá a 300 años.

¿Por qué ocurre? ¿Por qué Argentina está más caliente? ¿Por qué se seguirán rompiendo récords? En paralelo, se agudiza la sequía, hay más incendios y hasta es noticia la mortandad masiva de peces en ríos y lagunas.

En los bosques de las provincias del sur, las temperaturas más altas y la falta de lluvia aumentan los riesgos de incendios forestales.

El clima inusual

Aunque los más de 30° grados sostenidos sean esperables en enero, hay que mirar a los meses previos para notar la marca de un fenómeno inusual de altas temperaturas para esta época.

Cindy Fernández, especialista del del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), explica a Clarín que hay que enfocarse en noviembre y diciembre. Dos meses ya “extremos”.

“Las temperaturas extremadamente altas continuaron afectando a gran parte de Argentina hasta ahora. Pero desde noviembre ya hubo varios eventos de ola de calor, cada uno con récords en distintas ciudades”, indica. 

Si bien no es muy usual durante noviembre, que es primavera, ya se habían registrado olas de calor tempranas. Por su extensión, destaca las de 2009, 2008, 1995 y 1985. Es que, según Fernandez, hace 60 años que se ve una tendencia a que las temperaturas de la Argentina aumenten. 

En San Luis y Córdoba hubo seis días de ola de calor en noviembre, con un rango de entre 34.8° y 40.5° y un piso de unos 24.8°. Fueron cinco días en Rosario, con máximas de hasta 37.6° y pisos de 23.2°; también en la ciudad bonaerense de San Martín (38,4° y 22.8°); ocurrió tres días seguidos en Pilar, con hasta 38.9, y en Ezeiza o el Palomar, con máximas de 34.2° y mínimas de 23.4°.

Ya en enero, entre el 3 y el 11, por ejemplo, hubo una ola de calor en la Patagonia que luego se sintió en el centro del país. Pero en Santa Cruz se reportaron marcas, para nada frecuentes, de 30°.

En Viedma, en Río Negro, la temperatura máxima tocó los 40° durante cuatro días consecutivos. Muy cerca, en Trelew, Chubut, las máximas fueron de entre 33° y 35.5°. En Córdoba capital y Sauce Viejo, en el sur de Santa Fe, la máxima durante cuatro días fue de 39°.

¿Las causas? Según los expertos en clima del Conicet que entrevistó Clarín, siempre dependiendo de la zona de Argentina y el momento, por debajo de este calor argentino está ese planeta más caliente.

Peces muertos en Laguna del Plata, Santa Fe. Foto @vprandina

El récord local, en tanto, se explica porque no se dio “la entrada de frentes fríos”. En el norte, por mencionar un sector puntual, “no llueve y los días están muy soleados”, dos condiciones que elevan las marcas.

Aún así, la temperatura sube también por la sequía a causa del fenómeno de La Niña, que favorece esos cielos despejados y sin precipitaciones. 

“La Niña promueve el predominio de presiones más altas de lo normal, que están manteniendo poca nubosidad y favoreciendo el flujo de aire cálido desde el norte. Además, por la sequía, las condiciones generales de los suelos son más secas y eso contribuye a un mayor aumento de las temperaturas diurnas“, dice a este diario Leandro Díaz, doctor en Ciencias de la Atmósfera e investigador del Conicet.

Hay que entender que existen variaciones del clima a escalas de “semanas” (no de estaciones) que pueden contribuir a qué algunas semanas sean mucho más cálidas que otras. “Por eso es importante el monitoreo continuo, para saber cómo va a continuar la situación”.

Fernández detalla que más en el norte pero también en algunas localidades del sur, si bien esa masa de aire cálido va a continuar unas semanas más, habrá alivio en algunos sectores “producto de las tormentas o de las brisas costeras”.

Esta semana se prevé que el sur y el centro del país retome temperaturas “habituales”. A fin de mes ya podrían pasar dos frentes fríos que alternen períodos cálidos y frescos. Pero el pronóstico trimestral marca que las condiciones cálidas persistirán en gran parte del territorio nacional, sobre todo en Patagonia y el centro, con menos lluvias de las normales.

El impacto

A nivel país, entonces, La Niña y la sequía elevan las temperaturas en esta época. “Pero también las tendencias asociadas al cambio climático contribuyen en general a veranos más cálidos y a mayor frecuencia de eventos cálidos extremos, como olas de calor”, aclara el climatólogo Diaz.

Existe una creciente preocupación en el país y toda América del Sur por las olas de calor, que son más frecuentes y severas en las últimas décadas. Ese es un efecto del cambio climático.

Un estudio realizado por World Weather Attribution (WWA) y publicado a fines de diciembre concluyó que la ola de calor en el norte de Argentina fue 60 veces más probable y 1,4°C más cálida de lo que hubiera sido sin el efecto de calentamiento antropogénico (producido por la acción de la humanidad).

¿Qué consecuencias tiene?

“Las altas temperaturas pueden tener impactos de diversos tipos. La exposición prolongada trae fuertes daños a la salud, es muy importante la hidratación, aclimatación y evitar exponerse en lo posible; genera condiciones propicias para incendios; genera mayor evaporación, lo que es particularmente desfavorable en la situación actual de sequía en muchas partes del país. También genera mayor demanda de electricidad, que termina con cortes”, marca Diaz.

Respecto a los incendios, en base a un algoritmo de aprendizaje artificial denominado Random Forest, un equipo del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo) vaticinó un panorama local poco alentador a futuro. Y lo reconfirma a Clarín.

“Nuestro trabajo se refiere a predicciones de largo plazo (mediados y fines del siglo), no a temporadas. Pero si bien esperábamos aumentos en las probabilidades de incendio para la región, lo que más nos sorprendió es la magnitud de los cambios que se esperan aún bajo escenarios de emisión relativamente optimistas”, detalla Thomas Kitzberger, investigador del CONICET en el INIBIOMA y primer autor del estudio.

Esto implica que incendios de gran magnitud, como los ocurridos en lago Mascardi en 1999, el lago Cholila en 2015 o el de 2022 en el lago Steffen-Martin,”en vez de ocurrir una vez por década podrían repetirse cada cinco o dos años, dependiendo del escenario climático esperado”. 

La Patagonia es un “sistema muy sensible a la variación climática” y, dice el experto, “vamos a tener aumento de temperatura y disminución de las precipitaciones, dos condimentos que son perfectos para el fuego“.

En el trabajo también se abordó la vulnerabilidad de los ecosistemas naturales, la cual refleja la falta de capacidad adaptativa de las especies que lo conforman frente a estas alteraciones en la frecuencia de incendios.

Peces muertos

En la costa del río Salado, a la altura de la ruta nacional 5, en la provincia de Buenos Aires, y en Santa Fe, aparecieron miles de peces muertos. Sucedió el fin de semana en ríos y lagunas que tienen bajantes históricas por la sequía.

A esa escena, casi apocalíptica, de cardúmenes en descomposición apocalíptica, la explica a este diario Pablo Collins, investigador principal del Conicet en Ciencias de la Tierra, del Agua y de la Atmósfera.

También tiene que ver con las altas temperaturas.

“La temperatura de 40° en esa zona está asociada a una sequía en la cuenca del Plata, del Río Paraná, que lleva más de tres años. El oxígeno disuelto en el agua tiende a subir hacia el ambiente. A la vez, al haber más calor, hay más organismos que aumentan su metabolismo y consumen más oxígeno. Y mayores microorganismos que aumentan su descomposición y también eso consume más oxígeno”, marca Collins.

Concretamente, hay un aumento de iones y cationes y también de excretas de los animales que habitan en ese ambiente acuático. Así, “baja la calidad del agua”. Tanto disminuye que deja de ser apta para la subsistencia de hasta los peces más resistentes.

“Las lagunas que se alimentan del agua de lluvia se evaporan, porque no hay precipitaciones. Al disminuir el nivel de agua, todas las concentraciones de iones y cationes van aumentando hasta niveles no adecuados. Los organismos quedan muertos en la superficie y eso lleva a una espiral aún mayor mortandad y consumo de oxígeno”.

Esto puede dar lugar a la producción de algas que pueden ser tóxicas y llevar a la muerte de otras especies del mismo sistema. “Es una cadena”, resume.

Eventos de mortandad de peces ocurren. Son naturales. Pero más durante el invierno, debido al bajo nivel de agua en esos cuatro meses.

“En verano es más difícil. Pero en otras épocas, cuando no teníamos estas bajantes. El verano siempre tenía al río con mucho caudal. En esta oportunidad, la bajante, la alta temperatura y la sequía fueron el combo de esta mortandad masiva”, cierra el experto.

SC

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