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lunes, junio 24, 2024

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Un mercedino, en el encuentro más grande de Harley Davidson en EE.UU

Gustavo Borgogno recorrió más de 9.000 kilómetros en dos ruedas junto a un grupo de argentinos.

Para Gustavo Borgogno, las motos Harley Davidson son más que una pasión. Y en agosto pudo cumplir el sueño de participar del encuentro más grande de motoqueros en Sturgis, un pueblo ubicado en Dakota del Sur, al norte de Estados Unidos. Además, junto a un grupo de argentinos pudo recorrer más de 9.000 kilómetros por las rutas del país en dos ruedas.

El mercedino contó que la posibilidad del viaje surgió un poco de casualidad. «Un día apareció un chico, Guillermo Aveta, quien me conocía de Villa Mercedes; me vino a visitar y me contó que vive en San Francisco. Me propuso ir a Sturgis, que era el sueño de mi vida. Unos meses después, organizamos para ir», mencionó.

A la travesía se sumó Oscar Videla, un amigo de Gustavo de San Luis capital. Salieron de Ezeiza para Nueva York y desde allí volaron a San Francisco, donde los esperaban. «Al otro día alquilamos las motos y nos fuimos de viaje con un grupo de diez personas hasta Sturgis, que son 1.700 millas, unos 3.000 kilómetros, más o menos. Es un pueblo chiquito, como si fuera Justo Daract, pero había 850 mil motos; el tema es que cada diez o veinte kilómetros hay montón de otros pueblitos, que están todos hasta las tapas; fue impresionante verlo, el ruido. Los yankees son muy fanáticos, están orgullosos de su Harley Davidson; el sueño americano es algo con lo que me siento bastante identificado», dijo el motoquero.

Al paisaje en la ruta lo describió como las partes más lindas de San Luis; incluso, algunos detalles le trajeron recuerdos de La Carolina.

«Las distancias son larguísimas, pero nunca te aburrís, siempre vas entretenido. Al costado podés ver hasta ciervos, que te miran y tampoco disparan. La gente no los molesta. Hasta llegar hicimos unos 700 kilómetros por día, durante cuatro», recordó Gustavo y agregó: «En Sturgis estuvimos cinco días, parando en una cabaña en un bosque; teníamos que tener cuidado de no dejar nada dulce en la basura, porque había osos. Fue algo espectacular, todo el grupo tuvo una onda terrible; hay que aguantarme, porque soy bastante intenso y no paré nunca. Me metí en todas las casas de Harley habidas y por haber».

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En el evento hay distintos bares montados, filas interminables de motocicletas de todos los modelos que uno se pueda imaginar. Hay pruebas de manejo y los clubes de fanáticos más famosos.

«Recorrimos muchísimo, pudimos ir hasta el Monte Rushmore, que es el que tiene las cuatro cabezas de los primeros presidentes de Estados Unidos. Para mí fue algo soñado, lo viví como si fuera un niño, era algo impensado. Yo tengo cáncer desde hace unos cinco años y Dios me ha venido salvando de situaciones muy complicadas, y estoy vivo disfrutando de esto, algo que no me hubiera imaginado», dijo, convencido, el amante de las motocicletas.

Para Gustavo, casi todo en su vida es Harley Davidson. Tiene dos máquinas de la marca: una que usa para viajar, algo que hace frecuentemente, y otra personalizada. Es frecuente verlo rodar con su perrita “Dina Street Bob”, que tiene 9 años, en una mochilita especial. «Ella va, la busca y se estira para entrar. Es una locura que tiene por la moto, llora por salir a pasear», contó.

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