El jueves pasado quedó inaugurado en la galería ubicada en la Casa de Córdoba en Buenos Aires un tributo al multifacético artista cordobés Jorge Bonino.
La exposición, curada por Sofía Torres Kosiba, no es solo un homenaje sino la apertura de un ciclo que busca proyectar y revivir la obra de una de las figuras más inclasificables de la vanguardia argentina.
“Espíritu Bonino” es un universo en sí mismo, un collage de archivos inéditos, pinturas, fotografías, performances e instalaciones audiovisuales. Pero el corazón de la muestra late con el diálogo que se establece entre el legado de Bonino y las producciones de sus amigos y contemporáneos, así como con la obra de creadores actuales que mantienen vivo ese espíritu tierno, experimental y humorístico que lo definía.
Jorge Bonino
Nació en Villa María en 1935, pero su huella trascendió la provincia. Fue arquitecto, actor, performer, mimo, artesano, inventor, pedagogo, lingüista y viajero. Una mente brillante, inquieta y libre, cuyo trabajo reafirma el rol de Córdoba como semillero de innovación cultural. Su vida y su obra son un testimonio de la efervescencia de los años 60 y 70, un puente entre el arte y la vida cotidiana.
De la provocación al jardín, la artista que busca la belleza para sanar el mundo
La curadora de la exposición, Sofía Torres Kosiba, comparte su mirada sobre la investigación que dio vida a la muestra: “Es una investigación que vengo haciendo hace más de dos años, pero en realidad tiene mucha relación con secuencias de mi infancia con Bonino, con la historia de Bonino”. Y esa conexión personal se traduce en un hallazgo invaluable. “En la muestra hay mucho material inédito de Bonino, que he podido recolectar de distintas personas”, explica.
La génesis de este proyecto es tan orgánica como el arte que celebra. “Es una investigación sobre todo con gente que lo conoció, hijos y nietos de personas que fueron sus amigos, todo muy orgánico”, finaliza la curadora.