Radicada desde hace una década en San Francisco del Monte de Oro, la creadora textil conmemora un cuarto de siglo dedicado al tejido, las fibras naturales y la preservación de la memoria textil.
María Gabriela Dibernardi celebra 25 años de trayectoria junto al telar. Radicada desde hace una década en San Francisco del Monte de Oro, la creadora textil conmemora un cuarto de siglo dedicado al tejido, las fibras naturales y la preservación de la memoria textil.
Su vínculo con el tejido comenzó en la juventud, mientras cursaba la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, el universo textil despertó en ella una inquietud especial que terminaría marcando su destino.
“Desde muy joven, a la par que estudiaba Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, sentí el deseo profundo de aprender las técnicas antiguas del oficio textil artesanal en telares tradicionales”, declaró. Esa búsqueda la llevó a investigar las fibras naturales y a descubrir una forma de creación ligada a los sentidos y al contacto directo con la materia.
Con el tiempo, comenzó a exhibir sus trabajos en ferias artesanales y muestras de arte textil, consolidando un recorrido que fue creciendo de la mano de la experiencia y el intercambio con otros creadores.
Hace aproximadamente diez años, Gabriela junto a su familia, decidió dejar Buenos Aires para radicarse en San Francisco del Monte de Oro. El cambio de entorno transformó profundamente su trabajo y amplió sus horizontes.
“Cuando nos mudamos con mi familia desde la ciudad a la localidad, comencé a experimentar con los tintes del monte y de las sierras de San Luis, profundizando el vínculo con el entorno”, explicó. La riqueza natural del paisaje serrano se incorporó a sus procesos y a la identidad de sus prendas.
A lo largo de estas dos décadas y media de oficio, Dibernardi fue comprendiendo que el tejido artesanal implica una manera diferente de relacionarse con el tiempo. Cada pieza requiere horas de trabajo manual, observación y paciencia, en un proceso que contrasta con los ritmos acelerados de la producción industrial.
La vida en contacto con la naturaleza también dejó su huella. “Mis textiles se fueron volviendo más esenciales y atemporales; piezas donde conviven lo rústico y lo delicado, y donde la materia puede respirar”, señaló. Más que responder a tendencias pasajeras, su búsqueda está orientada a crear objetos que transmitan la belleza y la serenidad presentes en el ecosistema.
Su trabajo ha recibido reconocimiento tanto a nivel local como nacional, un aspecto que la llena de gratitud. Sin embargo, destaca especialmente el acompañamiento de quienes estuvieron cerca durante todo el recorrido. “Me siento sumamente agradecida por el reconocimiento institucional recibido a nivel local y nacional, y por todas las personas que acompañaron y valoraron mi trabajo durante estos años”, afirmó.
Entre esos agradecimientos ocupa un lugar central su familia, así como la comunidad de San Francisco del Monte de Oro, localidad que eligió para vivir y desarrollar su labor. Allí encuentra inspiración cotidiana en el paisaje y en la tranquilidad del entorno.
La artesana continúa encontrando en el telar una fuente permanente de aprendizaje. “Después de un cuarto de siglo de oficio, el telar continúa enseñándome todos los días y me invita a reflexionar sobre el sentido profundo de mantener viva la memoria textil en el presente”, consideró.
Su trabajo puede conocerse a través de su cuenta de Instagram, @tierranueva.artesanal, donde comparte piezas que reflejan su filosofía de creación.