Durante una competencia atlética en Birmingham, Reino Unido, en mayo de 2025, la vida de Joshua Breene dio un giro dramático. El joven de 23 años, oriundo de Hull, se desplomó sin previo aviso cuando se aproximaba a la meta de la media maratón, producto de una parada cardíaca súbita.
Los minutos críticos que definieron todo
El episodio comenzó con una intensa sensación de mareo, seguida de una pérdida instantánea del conocimiento. El impacto contra el suelo le provocó fracturas dentales. Rápidamente, otros participantes y un fisioterapeuta que se encontraba en el lugar iniciaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). Sin embargo, el pulso de Breene no regresaba.
«Todo se volvió negro y sentí que no podía respirar», describió posteriormente el joven sobre la experiencia. Estuvo aproximadamente cinco minutos en ese estado, un lapso en el que, según sus propias palabras, creyó que su vida llegaba a su fin.
Un diagnóstico inesperado y una segunda oportunidad
Tras ser estabilizado por el equipo médico de emergencia y trasladado a un hospital, los especialistas descubrieron la causa del colapso: Joshua padecía un «flutter auricular», un tipo de arritmia que acelera el ritmo de las cavidades superiores del corazón y puede derivar en su detención temporal. Esta condición, a menudo silente, no había sido detectada con anterioridad.
Después de un período de recuperación y seguimiento médico, el joven pudo retomar gradualmente sus actividades. Su fortaleza física previa y la atención oportuna fueron factores clave en su rehabilitación.
El mensaje de vida tras la experiencia límite
Meses después del suceso, Joshua Breene volvió a calzarse las zapatillas para correr, pero con un objetivo distinto al de la competencia. Su meta actual es convertirse en un vocero para la difusión de técnicas de primeros auxilios.
«Quiero que más personas sepan hacer RCP», afirmó el joven, subrayando que el conocimiento básico de estas maniobras por parte de la ciudadanía puede ser decisivo. Su historia pone de relieve cómo problemas cardíacos no diagnosticados pueden manifestarse de forma abrupta, incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas, y cómo la acción inmediata del entorno es vital.
Casos como el suyo refuerzan la importancia de la capacitación en respuesta a emergencias, demostrando que una intervención rápida y correcta marca la frontera entre un desenlace trágico y una segunda oportunidad.