La profesional riojana, que desde 2024 trabaja en el centro de salud, vivió una experiencia que transformó su mirada sobre la vida y la atención médica.
Marianela Burgos tiene 43 años, dos hijos, un marido cardiólogo y un apodo que la sigue desde la infancia: Tori. Llegó a San Luis hace dos años desde La Rioja, con un camión de mudanza lleno de ilusiones. Dos meses antes de partir, su hermana menor falleció de cáncer. Ese dolor le hizo más llevadero el desarraigo.
En el Hospital ‘Dr. Ramón Carrillo’, al que ella llama ‘el shopping de la salud’, comenzó a trabajar como secretaria del tercer nivel de Cardiología. Casada con Pablo Cabrera, cardiólogo de la UCO del mismo hospital, conocía bien el entorno médico. Había estudiado Medicina hasta quinto año, le faltaban solo tres materias para recibirse.
Un martes 23 de septiembre, mientras buscaba las llaves del auto en el consultorio de su marido, le pidió una ecografía. Sin síntomas previos, el resultado reveló un aneurisma en la aorta ascendente e insuficiencia de la válvula aórtica. En quince días fue operada. Durante la cirugía sufrió un infarto, requirió un bypass y una semana después volvió a quirófano.
Estar del otro lado del mostrador fue una experiencia transformadora. ‘Lo necesitaba como compañero, no como médico’, dice sobre su marido. Su recuperación fue difícil: perdió autonomía y requirió ayuda para actividades cotidianas. En enero regresó a trabajar en los mismos pasillos, programando cirugías para otros pacientes.
Antes de la operación, 37 personas donaron sangre para ella. ‘Las palabras no alcanzan’, repite. Ahora valora las pequeñas cosas: ‘Que salga el sol, un arcoíris, poder levantarse, tomar un vaso de agua solo, ir al baño, lavarte los dientes, respirar, levantarte y que no te duela nada. Eso es un montón’.
Burgos reflexiona sobre la importancia de los afectos y de tratar bien a los pacientes. Una pregunta aún la intriga: ¿qué la impulsó ese día a pedir la ecografía, sin síntomas, después de 17 años de casada con un cardiólogo?