Un nuevo estudio sobre las proyecciones de inflación en la Argentina arrojó resultados mixtos, con una mejora en el horizonte anual pero un repunte en las estimaciones para el corto plazo. El Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella informó que la inflación esperada para los próximos doce meses se situó en 33,5%, lo que representa una disminución respecto al 35,7% registrado en febrero.
Una mejoria con advertencias
La encuesta, realizada por Poliarquía entre el 4 y el 13 de marzo sobre una muestra de 1.000 casos en grandes centros urbanos, sugiere que la tendencia descendente en las expectativas de mediano plazo se mantiene. Este dato es considerado clave por los analistas, ya que las previsiones de los ciudadanos influyen directamente en decisiones de consumo, inversión y negociaciones salariales, pudiendo facilitar o dificultar el proceso de estabilización de precios.
No obstante, el informe destaca una señal de alerta para el mes en curso. La inflación esperada específicamente para marzo escaló a un promedio del 4%, superando el 3,65% proyectado para febrero. Este incremento indica que, pese a la mejora anual, los hogares perciben que la dinámica de precios en el día a día continúa siendo elevada.
Diferencias regionales y por ingresos
La baja en la expectativa anual se verificó en todas las regiones analizadas. La Ciudad de Buenos Aires presentó la proyección más alta (36,1%), seguida por el Gran Buenos Aires (35,7%) y el Interior del país (32%). El GBA fue la zona donde se observó la corrección mensual más pronunciada.
El estudio también reveló divergencias según el nivel socioeconómico de los consultados. En los hogares de mayores ingresos, la expectativa anual bajó a 32,9%, mientras que en los de menores recursos se ubicó en 35,2%. Esta brecha de 2,3 puntos porcentuales, mayor a la del mes anterior, muestra una percepción más pesimista sobre la evolución de los precios en los sectores más vulnerables.
Dispersión en las respuestas
Otro aspecto relevante del relevamiento es la significativa dispersión en las respuestas de los encuestados. El rango intercuartil, que mide la diferencia entre el percentil 25 y el 75, se mantuvo en 30 puntos, sin cambios frente a febrero. Esta amplitud refleja que, a pesar de la tendencia general a la baja, las expectativas están lejos de converger de manera homogénea entre la población, lo que señala un alto grado de incertidumbre.
Para los especialistas, los datos ofrecen una lectura dual. Por un lado, la caída en la proyección a doce meses acompaña el proceso de desaceleración inflacionaria. Por el otro, el repunte en la expectativa mensual sugiere que la percepción social sobre los precios aún no se alinea completamente con una nominalidad más baja, manteniendo la presión en el corto plazo.