Los reclamos por baches, pozos y reductores de velocidad se multiplican en Villa de Merlo. El deterioro vial no solo complica el tránsito, sino que se traduce en costosas reparaciones mecánicas para los automovilistas.
Los reclamos por el estado de las calles en Villa de Merlo se multiplican y llegan desde todos los puntos de la localidad. No se trata de una zona puntual ni de una sola calle: los mensajes que reciben los medios locales describen calles asfaltadas con baches consecutivos, reparaciones que no resisten las lluvias y barrios con caminos de tierra donde los pozos y socavones se profundizan semana tras semana.
En algunos sectores pavimentados, los vecinos hablan de “un bache al lado del otro”. En calles de tierra, tras cada tormenta, el agua escurre formando hundimientos y canaletas profundas que convierten la circulación en una maniobra constante para evitar daños. A esto se suman los reductores de velocidad, los famosos lomos amarillos y negros con forma trapezoidal, instalados en distintas zonas de la villa turística. Cuando no están bien señalizados o se atraviesan sin reducir lo suficiente la velocidad, generan impactos bruscos que castigan directamente la mecánica de los vehículos.
Cada pozo, cada socavón, cada hundimiento y desnivel va sumando un deterioro que termina pasando factura. En diálogo con este medio, un mecánico merlino advierte que el estado de los caminos ya se refleja en la cantidad y el tipo de reparaciones que llegan a su taller. “Son un desastre las calles. Vamos a tener que andar todos en 4×4, si no es imposible. Rompés todo”, resalta.
Según explica, los pozos, baches y socavones afectan principalmente el tren delantero, amortiguadores, bujes y rótulas, llantas y la alineación. Con el paso del tiempo aparecen ruidos metálicos en la parte delantera, vibraciones en el volante e inestabilidad en la dirección. El desgaste no es inmediato, pero es progresivo. “Después se rompen las cubiertas y empiezan más problemas”, dice.
Los automóviles “chicos” —Fiat Cronos, Volkswagen Gol, Chevrolet Corsa, Fiat Uno— concentran la mayor cantidad de reparaciones. “Son los vehículos más comunes, de los que más circulan en Merlo. Y son los que más sufren”, señala el mecánico. Las camionetas y SUV, por su estructura más robusta, resisten mejor. Pero en el parque automotor urbano predominan los autos compactos.
El impacto económico no es menor. Consultado por los precios de reparación, el mecánico toma como ejemplos dos de los modelos más utilizados en Merlo y detalla que reemplazar el tren delantero completo de un Cronos 2018 puede rondar los $420.000, incluyendo mano de obra. En tanto que cambiar amortiguadores delanteros y traseros en un Gol Trend puede alcanzar los $400.000. Esos valores pueden escalar según el vehículo y el precio de los repuestos.
En muchos casos, no se trata de una única reparación. La acumulación de golpes —pozos más reductores más calles socavadas— genera un desgaste sostenido que obliga a volver al taller. Para muchas familias, el auto no es un lujo, sino una herramienta de trabajo y una movilidad diaria. Cada reparación representa un impacto directo en la economía del hogar.
El deterioro vial no solo complica el tránsito o genera malestar: se convirtió en un factor económico. Las quejas vecinales apuntan a un mantenimiento que no alcanza y a obras que no perduran. Mientras tanto, en los talleres mecánicos crecen las consultas y las reparaciones asociadas al mal estado de las calles, con gastos que rondan el medio millón de pesos en vehículos de uso común. En una ciudad donde la movilidad depende casi exclusivamente del automóvil, el estado de las calles dejó de ser un detalle para convertirse en una variable que impacta directamente en el bolsillo.